EL CAMINO DE LA COMPASION  NAINNE-ISHA-JESUS.

……….vamos a intentarlo. Ya nos están esperando. Van a cerrar los ojos suavemente, lo van a intentar, porque nos están esperando ya para comenzar. Van a conectar nuestras mentes desde China. Les voy describiendo la sala, lo que ellos están proyectando delante de mi, y vamos a intentarlo. Cierren los ojos, con los ojos abiertos no lo van a conseguir nunca. Tienen que cerrar los ojos, colocarse en una posición cómoda, y sentir como va apareciendo en su mente una imagen de un Buda, un Buda de piedra, una estatua de Buda, y los detalles que yo no explique es porque quiero que ustedes intenten verlos. Este Buda, delante, tiene un incienso prendido. Observen el incienso como es. Un poco más abajo, en una mesita un poco más abajo, hay dos jarritos de flores; bien, observen como son, de que color son las flores, sientan, vayan trayendo su imagen con esta sintonía del Buda, la estatua del Buda…Ven que abajo hay una mesita,…que hay dos jarras de flores…y en el centro un incienso prendido. Intenten entrar en esa imagen, y dejar que la imagen aparezca en su interior, tal y como sea, no importa, no tienen que estar preocupados sobre si es fantasía o realidad,…solo tenéis que observarla. Evidentemente, es una estatua que esta en un gran salón,  tiene que observar el gran salón, sentir con el corazón como es el gran salón, que es un templo budista, pero no es un tiempo budista de los tradicionales, es un templo diferente…sientan que hay en las paredes,…pueden sentirlo…a partir de la imagen de ese Buda, de ese Buda que aparece en vuestra mente. Y de la forma en que lo estamos haciendo es la forma en que tienen que hacerlo otro día, cuando quieran conectarse con este lugar. Ahora vamos a repetir el mantra de conexión. Y cuando repitamos el mantra de conexión, sentirán como aparece delante del Buda un joven chino vestido con una especie de túnica de color violeta. Repetimos el mantra suavemente, durante un tiempo, intentando concentrarnos en la estatua del Buda, y sintiendo después que, conforme vayamos repitiendo este mantra, nos vamos conectando con el Buda de la Compasión, vamos a llamarle así, y vamos a utilizar un mantra de conexión, del Buda de la Compasión. Naím,  Naím, Naím….Conforme vayamos repitiendo el mantra,, intentaremos ver la presencia de ese joven, con la túnica violeta oscura,…Naím, Naím, Naím…Conformen van repitiendo el mantra, intenten sentir que es lo que hay dentro de esa sala, quién está allí,…Naím, Naím…y, conforme más van repitiendo el mantra, más claro veis su rostro y su cuerpo delante de vosotros.

Naím, Naím…

Hay otra estatua más, además del  Buda. Intenten sentir quien es esa estatua, de quien es…

Naím, Naím…

Despacito, seguid repitiendo…

El joven se ha sentado bajo la estatua del Buda…

Naím, Naím…

Pueden ya callar, suavemente…Ahora intenten sentir. El joven se ha sentado bajo la estatua del Buda, en una especie de manta, o algo así, y, delante de el tiene una especie de libro ó cuaderno, ó algo así. Intenten sentir como el comienza  a comunicarse con Vds. El se ha dirigido a una pizarra, o algo semejante, que hay en un lado suyo y está dibujando un símbolo en una pizarra, intenten percibir el símbolo qué está dibujando en la pizarra, de ese símbolo sale una espiral de luz violeta, y él dice:

Yo soy el Lama de la Compasión.

Con sus manos, con las dos manos, forma el triangulo, y va señalándoles a todos con el triangulo. Está señalando la espiral como símbolo de su trabajo. El triangulo y la espiral como símbolo de su trabajo.

Observen como va vestido. ¿Cómo va vestido?

-Dice: Concéntrate en tu plexo solar.  Y observa una cruz en aspas violeta. Esa cruz en aspas comienza a girar, y forma como una espiral o remolino que va entrando por tu plexo solar. Siéntelo. Permítele que entre en tu plexo solar.

-Concéntrate en tu corazón. Siente unas aspas de color violeta. Siente como comienzan a girar, y como comienzan a entrar en tu corazón esas aspas de color violeta, como un remolino de luz violeta. Siéntelo, imagínalo, como ese remolino de luz violeta entra en tu corazón.

-Concéntrate en tu frontal. Siente unas aspas de color violeta que comienzan a girar y crean un remolino que entra dentro de ti, en tu frontal.

-Concéntrate en tu coronario. Sientes unas aspas de color violeta. Siente como comienzan a girar y entran por tu coronario, y van bajando por toda la columna hasta el coxis. Siente como van girando, y, poco a poco, van bajando por toda la columna, desde el coronario hasta el coxis. Y suben desde el coxis al coronario. Y bajan desde el coronario hasta el coxis…siente esa espiral que crean las aspas de color violeta, girando en tu interior, por toda la columna.

-Concéntrate en la imagen del Buda. Mírale a los ojos. Observa sus ojos. Los ojos del Buda. Y, con tus manos, haz el símbolo del triangulo, sintiendo como la luz dorada del Buda entra por tu frontal, y se va creando una pirámide dorada en la cuál tú te sientes dentro.

Siente como todo tu cuerpo es de luz violeta, y como te sientes dentro de una pirámide de luz dorada.                                                                                          (Siente cómo detrás de ese joven de túnica violeta está la imagen de Jesús, como una luz blanca. Siente como detrás de ese joven está un ser alto y grande, blanco y cristalino, la imagen de Jesús.)

(Observen e intenten sentir lo que sucede dentro de esta sala, en este templo.)

Dice: Cuando las personas se miran a los ojos, profundamente, se transmiten la luz violeta, la luz blanca, y sus auras se conectan y forman una sola aura. Cuando una persona mira a los ojos, está mirando a lo profundo de su alma. Y, al mirar a los ojos, al mirar a lo profundo de su alma, el dolor se limpia, la luz penetra en lo más profundo de tu ser, y disuelve todas aquellas energías de dolor y sufrimiento acumuladas por ti, de esas o de otras, personas.

El verdadero perdón significa sentarse con otra persona, delante de otra persona, en silencio, escucharla, sentir su corazón, y mantenerse en silencio. Escucharla, mirarla a los ojos, sentir su corazón, y mantenerse en silencio. Sentarse en una postura cómoda, que no pueden ser sillas, un cojín… Cogerse de las manos, mirarse a los ojos, esta es la primera postura de la transmutación y de la compasión. La compasión implica: Siento al otro en mi propia piel, para comprender que yo, y el  somos parte de una única piel, somos un solo ser, un solo cuerpo, y por eso, le toco las manos. A través de tocarle con las manos, comprendo, comienzo a comprender y a percibir, y a sentir que el símbolo de los dos, con las manos puestas, una por encima de la otra, está representando la unión de todos los seres. (Antes de entrar en esa posición de la compasión, sentados, los dos con las manos sobre las piernas, colocando uno sus manos sobre las manos del otro, tengo que transmutarme con las espirales violetas, que me permiten integrar en mí al Yo Soy, a través de la luz dorada).

El silencio mental, y el trabajo con la luz violeta me permitirá prepararme, armonizarme, relajarme, sintonizarme conmigo mismo, con lo profundo de mi ser superior, de mi espíritu, de mi Yo Soy, de mi alma, para poder colocarme en la posición de la compasión. La posición de la compasión es la posición del Buda. Pero, enfrente de otra persona, porque la compasión se transmite a otra persona, se irradia a los demás, y, sintiendo las manos de la otra persona, la delicadeza del tacto de sus manos, el corazón comienza a abrirse. Tocando las manos de la otra persona, mi corazón comienza a abrirse. Al mirar a los ojos profundamente, y de forma fija, y mantener mi atención sostenida en los ojos de la otra persona, no puedo guardar ningún dolor, no puedo guardar ninguna rabia, no puedo guardar ningún resentimiento, no puedo guardar nada, tengo que sacarlo todo.

La actitud de la Compasión es: Escucho, siento el corazón del otro, intento sentir sus palabras en mi corazón, y me mantengo en silencio. La actitud de la Compasión es: escucho las palabras del otro, intento sentirlas en mi corazón, y me mantengo en silencio.

No importa quien tiene la verdad, no importa quien tiene la razón, no importa lo que ha sucedido, lo que importa es que yo me coloco en la compasión. La Compasión del Buda es el Dharma. El Dharma es un Camino. El Dharma es el camino de las Bienaventuranzas. Y el Sermón de la Montaña transmite las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas es la forma en que los seres irradian la Compasión. La compasión es una Actitud interior hacia los otros seres, hacia las personas, hacia los animales, hacia la naturaleza, hacia el planeta, hacia la humanidad. La compasión es una actitud interior. Compasión no es sentir pena, compasión no es sufrir por los otros, compasión es sentirlos en tu corazón. Sentirlos en el silencio. Sentir en tu corazón, su corazón, en el silencio de tu mente. No hay compasión si no hay silencio mental. No es posible tener compasión del otro si uno no tiene silencio mental. La compasión es el Camino de las bienaventuranzas, que es el camino que conduce a la senda de la Luz, a la senda de los mundos superiores.

 El Camino de la Compasión consta de tres cualidades fundamentales: La primera, la parte mental, la segunda, el conocimiento de los otros, la tercera, el deseo de estar unido a otro ser humano.

La compasión no es una actitud para, simplemente, ser tenida u observada. La compasión es una actitud para ser compartida. Paz mental, conocimiento del otro, y deseo de estar unido al otro.

La Compasión es una actitud mental, interior, que te induce a desarrollar la luz, en el encuentro con otro ser humano. En el encuentro con otro ser humano, cuando uno mantiene la actitud de la compasión, toca el corazón del otro, y, en ese momento, hay un encuentro de sus propias luz, multiplicándose la luz por la actitud interior que les une, cuando los dos están en la compasión. Y, cuando uno es el que da la compasión, la luz sale de su corazón, y envuelve as la otra persona en una paz desconocida para ella. Por eso la actitud de l compasión busca transmitir la paz, transmitir la paz a través del encuentro con las personas, a través de mirarles a los ojos, a través de  sentir sus manos. Al tocar las manos de otra persona, tu estas tocando las manos de la humanidad. Las manos de cada ser humano, que forma parte de la humanidad, que vive en la humanidad, y de esa forma,  sientes a toda la humanidad como parte de ti mismo. Cuando tocas las manos de otro ser humano con compasión, tu sabes que el representa, en ti, a toda la humanidad. Y si el represente, en ti, a cada ser humano, en ti surge el amor, si tú eres capaz de sentir a cada ser humano como parte de ti, en ti surge el amor verdadero.

Conocer al otro. La segunda cualidad de la compasión es conocer al otro. No se puede amar a otro ser humano si no se le conoce, no se puede expandir el Drama, el Camino de las  bienaventuranzas, sin conocer a los otros seres humanos. Sin interesarse por ellos. Sin conocer su forma de vivir, su forma de pensar, y su ideología. La actitud de la compasión conoce y no juzga. No interpreta, no etiqueta. Intenta sentir el motivo por el cual esa persona ha  llegado, en sus circunstancias, a ser como es. No importa si tiene verdad, o no tiene verdad. Si tiene razón o no. Si es de una ideología de derechas, o de izquierdas. Si es cristiano, ó hinduista. No importa la religión. La actitud de la Compasión te coloca delante de esta persona a conocerla, y, si la conoces sin juzgarla, sin etiquetarla, sin desprestigiarla, sin humillarla, sin sentirte superior a ella, en ese momento, el conocimiento se transforma en amor. El conocimiento del interior del otro, y la actitud silenciosa que no juzga, que no interpreta, que no rechaza, que no entra en la emoción cotidiana, te conduce al amor. El conocimiento del otro con interés, con respeto y tolerancia por sus creencias  y su forma de vivir, te conduce al amor, al amor que nace del conocimiento, del conocimiento y el interés por los demás con respeto a su forma de ser y de pensar.

La paz mental. No es posible que tú puedas transmitir amor si en tu mente hay montones y montones de imágenes, recuerdos, frustraciones, traumas y sentimientos revueltos de tu día a día. El camino de la paz mental significa: que no importa lo que haya sucedido, no importa lo que haya pasado, no importa si te ha gustado o no te ha gustado, no importa si fue de tu interés o de tu desinterés,. No importa si es lo que tú esperabas, o lo que no esperabas, si sucedió lo que deseabas, o lo que no deseabas, no importa lo que ha sucedido en tu día a día, ni lo que te han dicho, ni quién te lo ha dicho, no importa si te hirió o te generó felicidad. Lo que importa es que tú has tenido una experiencia y esa experiencia es para ti una lección. Con lo cual, la paz mental significa que cada momento en que yo me sitúo en mi mente, yo entro en el estado del vacío del Buda, el vacío significa que yo me libero de toda vibración distorsionada, de todo sentimiento de dolor, de todo sufrimiento emocional o mental, de todo deseo, en ese momento de la meditación, me libero de todo. Lo que importa es que yo busco en mi interior la esencia de mi mismo, mi luz, la luz que me está uniendo a otros seres humanos cuando la encuentro, porque la luz busca el vacío interior para pode encontrarse con otro ser humano desde mi vacío. No puedo encontrarme con otro ser humano si estoy queriendo siempre lo que deseo. No puedo encontrar, no puedo desenvolver la luz si estoy conectando lo  que me gusta o lo que no me gusta, no puedo caminar y multiplicar la luz si estoy comparando constamente las actitudes del otro conmigo, o con los demás. La paz mental significa vacío, no importa lo que los demás hagan. No importa si los demás actúan, dando ejemplo ó no dando ejemplo, no importa si los demás actúan criticando, no importa si los demás juzgan, lo que importa es lo está dentro de mi interior. Y lo que esté dentro de mi interior siempre tiene que estar vacío. Mi gran santuario es mi mente, y mi santuario tiene que estar limpio. No puede estar lleno de telarañas, de libros antiguos, no puede estar llena de recuerdos del pasado, de dolor, no puede estar llena de recuerdos de enfermedad, de frustraciones de los deseos no obtenidos, no puede estar llene de todo aquello que desear no tiene que estar llena de nada. Solo tienes que estar en paz y en silencio. Y en ese momento, la luz y el amor más grandes que te puedas imaginar aparecen, y no tienes que hacer ningún esfuerzo, no tienes que proponerte amar a nadie, sólo tienes que proponerte silenciarte y encontrar tu paz interior, en ese momento puedes mirar a los ojos de las otras personas y lo que saldrá por tus propios ojos será simplemente amor, pero un amor que no va a ir diciendo por ahí si estás amando más o menos, que no va comparando si tu amor es más grande ó más pequeño que otro, que no va tampoco interpretando si el amor de otro es más o menos grande que el tuyo, que no va analizando si el amor que otro da, da  mas  a los otros o a ti, simplemente, tu vas a ofrecer la luz que en tu templo interior está surgiendo, cuando tu transformas tu templo interior en vacío, en ese vacío sólo habrá paz y transparencia, la luz de las transparencias que te inunda. Y cuando llega a ese momento de vacío, tienes que verte de cristal, tienes que verte como un Buda sentado, de cristal, en paz, sintiendo compasión y sintiendo unión. Paz, sintiendo Compasión y sintiendo Unión.

La Compasión es la actitud de escuchar al otro, de sentir su corazón, de guardar silencio, y buscar la forma cómo le puedes ayudar. La compasión es estar en silencio. Y para llegar a un silencio profundo, tienes que vaciar tu templo interior, que es tu mente, tienes que vaciarlo de todas las energías distorsionadas de del día, tienes que vaciarla de todas la biblioteca de recuerdos de dolor del pasado, tienes que sacar todas aquellas energías y pensamientos de dolor que la saturan, tienes que conseguir,  simplemente, en tu mente, concentrarte en la mirada del Buda, y, concentrándote en la mirada del Buda, tu mente se vacía, y, cuando te concentras en la mirada del Buda, observa que el Buda, en su entrecejo, tiene una llama violeta. Y, cuando miras la llama violeta del Buda, sentirás que se instala dentro de tu mente, y, cuando se instala dentro de tu mente, es el momento  de echarlo todo, de  quemarlo todo en la llama violeta, todo viejo que ya no sirve, todo lo viejo que ya ha sido vivido; El camino de la Compasión significa que cada día es un día nuevo, un día nuevo porque  estas satisfecho con la paz y la luz que sientes en tu interior. Un día nuevo, porque tienes interés en conocer a los otros,  y sentir su corazón. Un día nuevo porque te agrada y te apetece coger de las manos y tener la oportunidad de acercarte a cada se humano, para poder sentir a la humanidad, para poder ayudar a la humanidad. La compasión es una actitud pasiva en la mente, activa en el corazón, y consciente en las manos.

La actitud de la Compasión es una actitud pasiva en la mente, activa en el corazón, y consciente en tus manos. Si tus manos son las que mueven la vida en el mundo, son las que modelan tu realidad, tu familia, tu trabajo, tienes que saber que  con cada acto que hagas con tus manos, que  lo que hagas  con tu cuerpo, busca siempre la paz del otro, sintiendo su corazón. Busca siempre la unión con el otro ser humano. Si tus sentimientos son así, y  cada relación con los otros está sinceramente establecida esta actitud, la actitud de la compasión, en ese momento tú  eres capaz de encontrarte profundamente con el corazón del otro. Y, entonces, ¿qué harás? Le coges de las manos, y les miras a los ojos, y, con  esa mirada, tu aura y su aura se convierten en una sola. Es el misterio de la Sincronización, donde la llama se multiplica y se irradia. En ese instante en que dos personas son capaces de encontrar su mirada en la compasión, son capaces de irradiar luz a su alrededor. Hay está el gran misterio. La luz se multiplica cuando dos o tres están sincronizados en la compasión.

Loa Compasión consta de tres energías fundamentales. La primera, la luz violeta, que es la transformación y la liberación de todas las energías discordantes de sufrimiento, de apego, de dolor, de frustración, de rabia.

La segunda, la energía dorada, que es la conexión profunda con tu templo interior, que está en tu mente,  y que te ayuda a crear en ti el estado de la paz interior, de la paz mental.

 Y, por último, la unión, que es la energía blanca, que es la pureza de las intenciones, de las aspiraciones y de la realización, el estar siempre pensando en los otros, y no solamente en ti mismo.

 Cuando tú coges, simplemente, las manos del otro,  y en tu interior se han establecido estas tres  cualidades, entonces aparece la luz rosa, como una burbuja que os envuelve. No hay que hacer ningún esfuerzo, ni proponerse amar, ni proponerse envolverse en ningún color, porque cuando estas tres actitudes se establecen en tu interior, el amar surge como algo espontáneo, porque la llave de tu corazón está abierta, y así  fluye de un ser humano a otro ser humano el amor verdadero, que es la compasión.

Y para que pueda establecerse la actitud de la compasión, es necesario que cada ser humano desarrolle estas tres cualidades espirituales. Cuando tu estableces la actitud de la compasión, puedes comunicarte a distancia con otro ser humano, y, aunque el no esté presente, tú puedes meditar para él, y meditar para él significa transmitirle la luz violeta, transmitirle la luz dorada, y transmitirle la luz blanca, y la compasión profunda de tu alma, y, pedir a su presencia divina que te permita ayudarle a activar su llama, su llama de la compasión. Para eso, simplemente, imaginas que está sentado delante de ti, sentado, y, meditar como si lo hicieras delante de otra persona, aunque no sea física. Coges sus manos, miras sus ojos, sientes su corazón, y te mantienes concentrado en su mirada. En ese momento, repites el mantra que tú desees, el mantra que te haga sentir como de tu corazón sale la luz violeta, sale la luz dorada, y sale la luz blanca. Y sientes como le envuelven a él, en su corazón. Puedes sentirte de mi código de conexión. Repites la palabra Naím, sintiendo como te conectas con esas tres energías, que son las energías de la compasión.

La humanidad ha caído en su propia prisión, se cree dueña de la verdad, y está prisionera de sus creencias. Piensa que es ella misma quién elije su vida, y son miles de estímulos sensoriales, miles de estímulos publicitarios los que le inducen a hacer aquello que nunca pensó. Habla del amor, cuando en verdad, no existe paz en su interior, no existe conocimiento del otro, y no existe unión con los demás. El amor no es una cuestión simplemente afectiva. El amor es la unión del alma. El amor no es simplemente el amor de las madres por sus hijos. Es un estado de paz, de unión del alma con el alma. Esto lo tienen que tener muy claro, en este momento estamos diferenciando el amor como afecto y el amor como compasión. El afecto es un amor que surge de la naturaleza viva de los seres humanos, es una necesidad, para crecer y multiplicarse, innata en los seres humanos. Y la compasión es la luz que surge en lo profundo del alma cuando el espíritu se conecta con vuestra mente, que es vuestro templo interior, y permite entrar en un estado de paz y armonía donde se libera luz a todo el cuerpo, y, en ese momento, surge el amor como compasión.

Tu mente tiene que limpiarse en el fuego violeta de la llama del entrecejo del Buda. Tu corazón tiene que ser capaz de sentir al otro corazón, en el silencio, escuchando sin juzgar, sin interpretar, sin opinar, escuchando su corazón. La pregunta clave es: lo que yo le voy a decir ¿le va a ayudar en su camino? Lo que voy a decirle ¿va a fortalecerle en su camino espiritual? ¿Le va a despertar la conciencia de sí mismo? ¿Le va a ayudar a crecer? ¿Le va a ayudar a que está más unido a mí?

Porque cuando uno quiere ayudar a otro, tiene que tener presente tres cosas fundamentales, si uno quiere actuar desde la compasión:

-Lo que yo  voy a transmitir, ¿lo voy a transmitir con la paz en mi interior?

-El o ella lo van a aceptar, lo van a escuchar desde la paz en su interior?

-Lo que yo le voy a dar, lo van a aceptar, lo van a recibir como un acto de mi corazón?

Si uno quiere transmitir, si uno quiere actuar con compasión, tiene que no olvidarse de  que si queremos ayudar a otro, lo que vaya a hacer para ayudarle no debe de alejarle de la unión con él. Si uno quiere ayudar a otro a que despierte espiritualmente, lo que uno le vaya a decir para que despierte espiritualmente tiene que ser de forma que el otro .sea capaz de comprenderlo desde su corazón. Uno actuará con más compasión en la medida que tenga cada vez más en cuenta las actitudes correctas de la compasión: Paz, Conocimiento del otro, y Unión. Cuanto más paz tú transmites en lo que dices, cuanto más hablas conociendo al otro, cuando tú más hablas creando más  unión,  más compasión y más luz creas a tu alrededor.

Nadie es perfecto, y todos se van a equivocar. Y esto es un camino, no es una fórmula para ya conseguir mañana ser perfectos. Es un camino de crecimiento, lo cual significa que tú lo vas a intentar, y, cada vez lo conseguirás en un tanto por ciento. Porque se trata de desarrollar actitudes en el camino de la compasión. Uno tiene que hablar como habla todo el mundo, hablar y luchar como todos luchan, pero en su corazón tiene que haber profunda paz. En su corazón tiene que haber profunda compasión. En su corazón tiene que haber profunda unión. Y eso les ayudará a actuar siempre con respeto, siempre con paciencia, siempre comprendiendo al otro y considerando su corazón. No importa quien tiene razón. No importa quién cometió el error, ó quien no lo cometió, lo más importante es que las personas tienen que escuchar al corazón del otro en su silencio interior. Lo más importante es que tienen que ser capaces de penetrar profundamente en su propio corazón, crear la compasión en su interior y compartir lo que tú has creado en tu interior con el otro. En ese momento, la luz rosa aparece y se multiplica. Y aparece un estado de amor que vds. no comprenden, porque vds. llaman amor a todo. Y nosotros diferenciamos el amor como afecto y el amor como compasión. El amor como compasión es el amor de la luz que penetra en lo profundo de tu alma y te muestra un camino, un camino donde lo importante no es ser perfectos, sino actuar de corazón,  un camino que significa que lo más importante es estar en paz contigo y con los demás, sentir las manos, y ampliar tu amor sintiendo las manos de todos los seres que te rodean, para comprenderles y sentir la compasión. Y mantenerte en un estado interior de pureza, donde nada te deja la huella del dolor ni del sufrimiento. Donde cuando un ser entra en su caos interior, entra en sus dificultades, entra en su temperamento, entra en su frustración, tu le miras en tu silencio mental, y aceptas que el vive ese momento, y esperas el momento para,  juntos, caminar en el camino de la luz, en el camino de las bienaventuranzas, en el camino del Dharma.

Dharma es camina con los otros de la mano. Dharma es mirar el corazón de los demás. Dharma es ayudar a los demás en su camino. Dharma es mantenerse en calma y tranquilidad ante  la agresión, la hipocresía, la humillación y la difamación. Dharma es mirar al futuro y liberarse del sentimiento de culpabilidad de tus errores, del sentimiento de culpabilidad de tus imperfecciones, liberarse del sentimiento de culpabilidad por las experiencias que han marcado tu vida. De igual forma, tienes que liberarte del sentimiento de apego a tus propios logros, del sentimiento de apego a tus propias cualidades. Dharma significa: No te culpas por tus errores, y sacas las lecciones, y no afirmas tus cualidades, porque no necesitas mostrar a nadie tus cualidades, sólo tenerlas. Y darlas con corazón. Ni señalas los errores de los otros. Ni afirmas tus cualidades, ni afirmas todo aquello que en ti se manifiesta como algo superior. Lo superior no necesita ser expresado, y lo inferior no necesita ser señalado. Lo inferior precisa de compasión, y lo superior necesita de silencio. Cuando uno comienza a practicar estas actitudes en su vida, comienza a entrar en un estado de luz interior que le permitirá desenvolver la compasión, mirar a los otros seres humanos y, entonces, poder decir: A cada persona que toco con mis manos lo siento como mi hijo, como mi padre, como mi hermano, como mi madre.

Entonces comienza a comprender lo que significa la familia; familia no es un lazo genético ó carnal, familia es un lazo en el  corazón que nace del alma, de la luz que está en lo profundo el alma. Familia, cuando nace de lo más profundo de tu espíritu, te unes en la luz a los otros seres a través de su espíritu. Familia es una actitud. Para tú sentir lo que es familia, tienes que aprender a moverte en el Camino del Dharma, de las bienaventuranzas, y este Camino es Paz, Compasión, y Unión.

El Camino del Dharma es el sendero que te conduce a la unión profunda con tu espíritu, y al encuentro profundo, para transformarte en un bodisatva. Un bodisatva es aquel que consigue la iluminación y renuncia a ella para ayudar a los demás. Es aquel que no precisa decir que es un bodisatva, ni precisa decir que es un maestro, porque, simplemente, multiplica la luz, y aquel que quiere la ve, y, aquel que no quiere verla, no la verá por mucho que tú se lo digas. Ver la luz en el corazón del otro es una experiencia que tiene que nacer  del propio corazón de cada ser humano, aquel que no es capaz de ver la luz en su propio corazón, aquel que no es capaz de percibir la luz en su interior, tampoco verá la luz en los otros. Por eso, note preocupes por aquellas personas qué, ofuscadas en su mente, solo proyectan sus frustraciones, sus deseos, sus rabias hacia ti. Mantente en el silencio mental, no entres en sus energías, no pienses sus pensamientos, no hables sus ideas, simplemente, mantente en el silencio mental y transmite para ellas la compasión y la luz violeta.

La compasión es la energía violeta que se multiplica. Es la energía violeta, con la actitud de la compasión lo que hace que todo se abra. La compasión es la energía violeta con la que tú conectas con el otro, es la energía de paz, del conocer al otro, de sentir lo que te une a él.

La mente y sus mecanismos mentales siempre te inducen a comparar, siempre te inducen a ver lo que te separa, siempre te inducen a observar y percibir lo que no te gusta de los otros, y si tú observas algo que no te gusta de los otros, es porque estas comparando. Observa lo que no te gusta de los otros como una experiencia para ayudarles, no para juzgarles, no para etiquetarles. Habla con ellos sinceramente, pero no hables con dolor, no hables con frustración, no hables con juzgamientos. Habla para ayudarles, habla para sembrar la conciencia y el impulso hacia la luz y hacia el amor. Y, para que él valore tus palabras, tiene que sentir que tú le hablas con compasión, que tú hablas sintiendo la unión de tu corazón y el suyo.

Es difícil, no es fácil, nadie es perfecto, todo está en el camino. Es el camino de las bienaventuranzas, el camino del Dharma, y no es para practicarlo en un día,  es un proceso de transformación hacia un estado búdico, hacia el estado del Buda de la compasión. Es una meta, una meta que se construye minuto a minuto, día a día. No te preocupes, no te estamos pidiendo que seas perfecto, ni que mañana lo practiques a la perfección. Te estamos pidiendo que te conviertas en un estudiante, en un estudiante de la compasión, en realidad, en un estudiante de las actitudes meditativas que te llevan y te conducen a la luz de la compasión. Seguro que después no te vas a acordar, captarás algunas ideas…El estudiante de la compasión, el estudiante  que quiere desenvolver un amor diferente, un amor amplio, un amor de corazón, un amor con paz, necesita estudiar y reflexionar sobre lo que es el camino del Dharma. El camino del Dharma comienza con el estado de la compasión.

Las personas te pueden gritar y humillar, te pueden juzgar y criticar, pueden hablar de ti lo que te guste y lo que no te guste. Cuando hablen lo que te gusta, sonríes con compasión. Cuando hablen como esperas, sonríe con compasión. Cuando no te hablen, cuando hablan de lo que no esperas, sonríe con compasión. Las personas pueden sentirse unidas ó separadas de ti. Aquellos que se sienten unidos, cuando les miras a los ojos, les miras con compasión. Tu actitud de compasión les transmite luz a sus corazones. Tu actitud de compasión les transmite luz violeta a su alma. Y cambian. No tienes que hacer nada. Solo mirarles, sentirles, y transmitirles tu compasión. Este es el primer paso del camino del dharma. Es desenvolver la actitud de la compasión. Lo importante no es lo que los otros esperan, o lo que tú esperas. Lo importante no es estar constantemente esperando, deseando, ofuscándote. Lo importante es ser capaces de mirar en el silencio, el corazón de los otros. No importa si corresponden ó no con tus aspiraciones o con tus deseos. No importa si tú no eres capaz de responder a las aspiraciones ó los deseos de los demás, porque estén en la rueda del sufrimiento, en la rueda del karma. Permanece en la observación permanente y constante de las emociones de la  mente sin control. El control de la mente es vacío, el control de la mente es paz, el control de la mente es conocimiento, el control de la mente es acercarte al otro, el control de la mente es buscar un camino en tus actitudes que te den paz y unión constantes con los seres humanos, más allá de lo que piensan ó sienten, de lo que dicen o han dejado de decir, más allá de sus creencias, de sus partidos ó de sus ideologías, más allá de si tienen más o menos dinero, más allá de si te caen simpáticos ó antipáticos, más allá de la polaridad y de la oscilación constante de las energías del astral, la compasión es la actitud del centro, en el centro está el vacío, en el centro está la compasión, el centro está la paz, en el centro está la unión. No importa ni lo tuyo ni lo de él. Lo que importa es lo de los dos. Si uno escucha profundamente, en silencio, el corazón del otro, siempre encuentra un camino de unión. Y cuando uno escucha y no siente el corazón del otro, cuando los demás hablan y no escuchan sus corazones, siempre encuentran la separación y el dolor. Cinco minutos cada día para silenciarte, mirar al Buda, a la llama violeta de su entrecejo. Mira a los ojos del Buda hasta que tu mente se limpie y se vacíe de dolor y de resentimiento, de forma que cada día no importa lo que sucedió ayer, no importa lo que sucedió en el pasado, lo que importa es hoy, yo conmigo mismo, en la llama del Buda. En la llama de la compasión. Si uno mantiene esta actitud de la compasión, entonces su cuerpo espiritual se hace dorado, su aura se hace blanca, y, a su alrededor se forma una vibración violeta que irradia constantemente de sus chacras a todas las personas que le rodean, y, sin hacer ningún esfuerzo, sin proponerse ama, sin sentirse obligado a amar a nadie, sin sentirse forzado a amar a nadie, en ese momento ama, ama profundamente, pero es un amor nuevo y diferente, es un amor que significa un nuevo estado, un paso importante en la evolución de los seres humanos. Pero, a la vez, esta forma de amor es un camino, un camino constante, es un adiestramiento constante  para poder acabar tus días sintiendo la paz en tu corazón, sintiendo la compasión en tu alma, como luz violeta, habiendo sacado las lecciones de la vida, envuelto en tu aura blanca, y no importa si nadie te ha visto en la vida caminando, hablando, no importa que nadie te haya reconocido como maestro, no importa que nadie haya visto tu corazón, lo que importa es que en la imperfección de un mundo de sufrimiento, y de caos, pasó un bodisatva. Porque en el mundo físico no existe la perfección, si no la compasión. Y la perfección del mundo de las formas es la compasión. No esperes que las personas te reconozcan  porque actúas de forma perfecta. La gente te reconocerá porque actúas con compasión. Porque siempre descubrirán que tienes unos defectos u otros, pero cuando observen tus defectos, propios de tu educación, de tu cultura, de tus experiencias, no importaran, porque en tus defectos verán tu compasión. Y cuando vean tu compasión, se darán cuenta de que ellos también son imperfectos, y, de que por mucho que intenten ser perfectos, nunca, en un mundo físico, limitado, y sometido a la tridimensionalidad podrá manifestar la perfección. Incluso aunque te presentes como maestro, nadie comprenderá el motivo de tus actos ni de tus impulsos y, en cualquier momento en que tú hagas algo que no corresponda con la opinión de los otros,  entonces, en ese momento, te juzgarán. Lo importante no es si te juzgan o si te critican, lo importante no es lo que digan de ti, no es importante si te valoran o no te valoran, lo importante es que tú hagas ó sientas de corazón. Porque por encima de todo eso, verán tu compasión, y, si ven tu compasión, cualquier error que tú cometerás, pasará como el viento. Porque la compasión que tu corazón derramará es tan fuerte que  es una fuente de la cual todos quieren beber, y, aunque en algún momento te desequilibres, y, con tu desequilibrio se sientan profundamente mal, esos momentos transitorios pasarán, si tú constantemente demuestras que también, y, por encima de todo, eres un estudiante del Dharma, t, un estudiante del Dharma constantemente busca colocarse en el estado de la compasión. Un estudiante del Dharma sabe que ningún ser humano puede actuar siempre de forma perfecta, que ningún ser humano puede siempre corresponder a lo que los demás esperan de él, que ningún ser humano va a conquistar en este mundo la liberación sólo, un estudiante del Dharma sabe que cuando el encuentre su paz y la entregue a los demás, la paz se multiplica y se irradia, creando una gran de red de luz hacia todos los que te rodean.

Ese es el camino del Dharma, ese es el camino del estudiante del Dharma, y, si tú te reconoces estudiante del Dharma, comienza a mirar a cada uno, en su camino, en su lucha, en sus dificultades, en sus aciertos, en sus logros y en sus traumas como un estudiante del dharma. Entonces, si les miras como estudiantes del camino, como estudiantes del dharma, como tú, buscarás y sentirás la fuerza que mutuamente os comunicáis, cuando mutuamente os unís, en la luz violeta, en la luz dorada, y en la luz blanca. Y, simplemente, sintiendo la suavidad de las manos, ese suave toque de las manos, ya estáis dentro del amor, del amor que nace de un estado diferente, interior. Porque la energía de ese amor, que se irradia en ese estado de unión, es una energía de color rosa claro, muy claro.

Saludo a tu presencia interior, y, reconozco en tu presencia interior la luz que nos une y que nos guía en el camino del Dharma. Hasta otra oportunidad. Sientan profundamente, miren profundamente  la mirada del Buda, y, por un momento, en esos ojos del Buda que te miran con paz, siente la unión, sentid la unión a todos los bodisatvas, a todos los Ángeles, a todos los maestros, a todos los sabios que ellos son, y crean, en su caminar como estudiantes del dharma, un camino de luz para todos los seres humanos que, de corazón, buscan encontrarse con la propia luz, en su ser. Mira la estatua del Buda. Y observa, observa la estatua del Buda, mantén en tu mente la estatua del Buda, mira las flores, siente como sale una flor para ti, siente y recibe profundamente una flor en tus manos, que viene de la energía de la paz del Buda, observa y siente como es esa flor que llega a tu mano, ahora, en este momento, percíbela con cariño y con amor, y comprende lo que significa en tu corazón. Hasta otro día, hermanos.

 

Antonio Cerdán

 

 

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