Cuenta Trigueirinho, en una de sus charlas que, estando muy interesado en el mundo de la cura sutil, y teniendo que recalar en su viaje a Capilla del Monte para sus contactos, se hospedó en casa de una amiga que era reconocida como sanadora por sus allegados.
Estando una tarde platicando con ella, llegó un hombre que había sufrido la pérdida de su hija hacía muy poco tiempo y se encontraba en un estado de depresión profunda.
Trigueirinho se apartó de la conversación dispuesto a observar cómo actuaba en ese campo su amiga.
El hombre no hacía más que hablar de su hija y de su dolor. Su amiga le escuchó un tiempo, y luego cambiando de tema le preguntó sobre sus comidas preferidas, a lo que él manifestó que le agradaban mucho unos panecillos saborizados con determinadas hierbas.
La mujer parecía interesada en los ingredientes y luego de una breve charla despidió al hombre diciéndole que volviera al otro día.
Una vez que éste se retiró, fue a la cocina y comenzó a preparar los panecillos con los datos que su vecino le había transmitido. Trigueirinho estaba sorprendido que su amiga se pusiera a cocinar en lugar de orar o retirarse a emplear cualquier método de sanación, mas con la reserva que le caracterizaba, no dijo nada.
Al otro día el hombre regresó, y por tres días más… y cada día su amiga, mientras lo escuchaba, le servía los panecillos que preparaba cuando él se marchaba, los que eran comidos con gusto. Una semana después el hombre era otro…había dejado de centrar sus charlas en el recuerdo de su hija, sus ojos brillaban y su aspecto, antes desaliñado, comenzó a ser cuidado… y así salió de su depresión.
Trigueirinho, ante ésta rápida sanación, le preguntó a su amiga cómo había logrado eso y por qué cocinaba para las personas que necesitaban ayuda. Ella le dijo que cuando alguien necesitado de cura se acercaba, su manera de ayudar al mismo era cocinar, entregando sus manos al Espíritu, para que, si el karma de la persona lo permitía, el Espíritu obrara a través del pan para sanarlo. Lograba resultados increíbles.

Todos nosotros tenemos energía de sanación y cura disponibles. Somos los canales de los que el Espíritu se sirve para traer esa energía tan necesaria a la manifestación, y uno de los elementos que más se cargan con la misma son los alimentos que preparamos. Por eso, grandes seres como Gandhi, cuando viajaban llevaban su arroz y lo necesario para cocinar, sin comer lo preparaban en los restaurantes. Por la misma razón, entre los esenios, la preparación de la comida de todos era dejada en manos de los más avanzados espiritualmente, para que la comida sanara y fuera vehículo de evolución y, en los monasterios zen, igualmente los monjes que cocinaban eran los ancianos más sabios. El papel del alimento en nuestra vida espiritual, ya sea consumiéndolo como preparándolo, es irrefutable.
Esto puede servirnos para comenzar a tomar consciencia de la importancia de cocinar entregados a nuestra Divinidad, ya sea para nosotros, nuestras familias y si nos atrevemos, para alguna persona que sepamos enferma y a la cual podamos acercarle un pan de cura pues al pan al amasarlo con nuestras manos (no con artefactos mecánicos) podemos entregar, cargarlo con sanación y amor.
Recuerden cómo, en los experimentos de Masaru Emoto, el arroz al que se enviaba amor, permanecía muchos días sin descomponerse, mientras el arroz al que se sometía a insultos y mala vibración se ponía negro a las pocas horas.
Esa es la toma de consciencia mayor en nuestra cocina, primero no comprar comida preparada comercialmente, segundo tomar consciencia que cuanto pensemos y sintamos mientras cocinamos, se transmite al alimento haciéndolo sanador y sustancioso o todo un veneno emocional, tercero, poder llegar a ser vehículos de cura a través de todo lo que pasa por nuestras manos sosteniendo pensamientos amorosos acompañados de un corazón abierto y conectados a LO QUE SOMOS eso significa ESTAR ATENTOS Y PRESENTES más aún cuando manipulamos alimentos no poniendo la cabeza en la olla como dicen los monjes zen en El manual para un cocinero Zen queriendo decir que los contenidos problemáticos de la mente tienen que quedar fuera cuando cocinamos.
Así, más que la calidad del alimento que cocinamos, en ésta ocasión estamos teniendo en cuenta que cualquier alimento, cocinado en amor y pureza de intención, puede sanar, elevar y ayudar a la evolución de quien lo come¦ y por Ley de Atracción

LAS BENDICIONES VUELVEN MULTIPLICADAS EN SANACIÓN A QUIEN COCINA.

¿Pueden hoy considerar entrar a sus cocinas de una forma diferente?

 

Fuente: Tomado del muro de Amor Vegetal