En la tradición espiritual celtica esta la figura del Anam Cara, un amigo espiritual, maestro, guía, con el cual se comulga de manera intima y se comparten los paisajes del alma. El amigo del alma, que es lo que significa literalmente Anam Cara, trascendía tiempo y espacio: era oyente, no juez, que ofrecía compasión, amor y comprensión. Para los celtas, el Anam Cara era un regalo divino, porque la amistad es parte de la naturaleza de la Divinidad, tal y cómo le vemos en Jesús cuando les dice a los apósteles: los llamo amigos.

Dentro de cada uno de nosotros también hay un Anam Cara: un amigo incondicional listo para abrazarnos, escucharnos, guiarnos y consolarnos. Un amigo que nos señala la belleza del mundo material y espiritual; que nos pide que no seamos tan duros ni tan exigentes con nosotros mismos, que perdonemos nuestras debilidades y no llevemos a los errores como pesada cadena de vergüenza, si no como lecciones sagradas de vida.

Para que la amistad con el Anam Cara, interior o externo, sea verdadera, tiene que haber presencia. Tiene que haber atención plena, dedicación a la amistad, confianza absoluta. Cuando compartimos con el Anam Cara, no pensamos en las tareas de mañana o los problemas políticos: abrimos lo más profundo de nuestro ser y escuchamos plenamente. Durante estas comuniones de almas, el hablante es para el oyente lo que la llama de una vela durante una meditación: el centro del mundo. Solo así podemos expresar el amor fraternal de una Anam Cara: abriendo espacio de libertad completa para el que habla, haciéndolo sentir seguro de nuestra confiabilidad y amor incondicional.

Durante la relación de los Anam Cara, se toma turnos para hablar y escuchar; para aconsejar o compartir el silencio. Para los celtas esta amistad constituía un lazo espiritual que traía integración, sentido y sanación. Cuando nos integramos planamente a nuestro Anam Cara interior comprendemos el mal entendido que es la idea de la soledad y el desamor. Cuando caminamos con nuestro Anam Cara externo, traemos al mundo el ideal materializado de compasión, unión, lealtad y hermandad.

No todos tus amigos serán tu Anam Cara; pero todos son, en el sentido Celta, regalos del cielo, por el tiempo que duren. Aprécialos como tesoros: no tomes la amistad a la ligera –esta relación sacra merece todo el respeto y lealtad que un matrimonio o una maternidad. Por lo mismo, se amigable con todos, pero amiga con aquellos que despiertan en ti dicho lazo de afecto. Es mejor ser una buena amiga de diez que una mediocre amiga de cien. Y cuando encuentres tu Anam Cara exterior, ese guía espiritual, agradece a los dioses su presencia. Mientras tanto, estrecha tus lazos con el Anam Cara interior. Si eres una excelente amiga para contigo misma, serás una bendición para los demás, incluyendo por supuesto, tu Anam Cara del mundo material.

FELIZ DIA DEL AMIGO

Para todos mis Anam cara, a todos mis amigos del alma de ShekinahMercaba.

Emar