"EL LUGAR DE DIOS" - Conferencia del Maestro Beinsá Dunó

EL LUGAR DE DIOS

Conferencia del Maestro Beinsá Dunó

 

            Mucha de la gente contemporánea se ocupa con la idea de Dios, pero no tiene una imagen sobre qué cosa es Dios. Qué forma tiene Dios, tampoco lo sabe. El hombre puede tener una imagen de la forma de los cuerpos, solo entonces, cuando estos están claros en su conciencia. Cuando un objeto o un cuerpo no está claro en vuestra conciencia, vosotros no podéis tener una imagen y de su forma. Decís: “Qué es Dios no podemos percibir, pero queremos saber, por lo menos, dónde está Su lugar”. El lugar de Dios es esta dirección, donde todos los seres vivientes, aún con su despertar, dirigen su conciencia, su mente o su pensamiento. Como empecéis desde las más pequeñas y llegando a las más grandes, todas estos seres dirigen su conciencia en una dirección hacia arriba. Esta dirección, exactamente, es el lugar de Dios. Esto ocurre simultáneamente por todo el mundo, entre todos los seres de diferentes jerarquías. No hay un momento más grande para el hombre y para cada ser viviente que este, cuando se despierta por la mañana que dirija su conciencia o su pensamiento hacia aquella dirección, donde están dirigidos las conciencias y los pensamientos de todos los demás seres. Solo de esta manera el hombre puede percibir el bien que sale de Dios. El que se niega de percibir este bien, él cae en obscuridad y soledad. Alguien dice: “¿Por qué debemos orar?” La oración es necesaria, porque el hombre entonces dirige su mente hacia Dios, para percibir algo de Él. En este sentido, la oración representa la apertura de las flores para la luz y el calor solar. Digo: si queréis desarrollarse, tened constantemente en vuestra mente el pensamiento de Dios como único lugar, como único foco donde se unen las conciencias de todos los seres razonables. Lo que piensa la gente, no os ocupéis con esto. Mantened vuestro pensamiento hacia esta única dirección de donde viene la luz y el calor de vuestra vida. Si desviáis vuestra mente de este lugar, vosotros perdéis vuestro camino y os quedáis en obscuridad. El hombre es un viajero en su vida. Si decide desviarse un poco de su camino para divertirse con esto o con aquello, él se va a confundir y no podrá alcanzar a sus amigos. Cuando todos los seres dirijan su conciencia hacia el lugar donde está Dios, con esto ellos darán un paso hacia adelante. Si dan un paso hacia adelante, ellos ya no regresan hacia atrás para esperar a los tardados o a los confundidos en su camino. Si ellos, y la segunda, y la tercera vez, no dirigen su mente hacia Dios, quedarán cada vez más atrás, hasta que un día su vida pierda su sentido en absoluto. Los que piensan en Dios y dirigen su mente hacia Él, ellos siempre hacia adelante y hacia adelante andan. Esto significa un progreso en el pensamiento, pues todo consiste en el progreso. Y en su cama el hombre de nuevo puede dirigir su pensamiento hacia arriba y andar hacia adelante. Todo consiste en el pensamiento del hombre. Puede ser que alguien haya salido temprano en la mañana para estar en oración, pero dice a sí mismo: “¿Para qué me faltaba levantarme tan temprano para cansarme? ¿Por qué no me quedé para seguir acostado un poco más?” Tal hombre, aunque haya venido en oración, él está más atrás que los demás, porque su pensamiento no es recto. Si queréis progresar, que os desarrolléis correctamente, dondequiera que estéis, en cualquier situación en que os encontráis, aparten media o una hora, para ocuparse en vuestra conciencia con el pensamiento de Dios. Si queréis adquirir luz en vuestra conciencia, pensad en Dios.

 

            Decís: “¿Qué ocurrirá cuando miramos hacia la dirección donde está el lugar de Dios?” – No es importante qué ocurrirá; ¡mirad y no preguntéis!” – “¿Qué voy a ver?” – Y esto no tenéis que saberlo. ¡Solo mirad! Decís: “Nosotros vemos que el día está claro”. – Sí, el día está claro, todo alrededor es bello, pero vosotros nunca habéis visto cómo amanece el Sol de la vida. Vosotros habéis visto solo el amanecer del Sol físico, pero nunca habéis visto el amanecer del Sol de la vida. A veces, veis el Sol físico a través de nubes y os alegráis. Sin embargo, si veis el amanecer del Sol de la vida, vosotros nunca lo olvidaréis y nada será capaz de reemplazarlo. Tal como amanece el Sol físico, así amanece y el Sol de la vida. La diferencia concluye solo en los lugares de donde amanecen estos dos Soles. En la conciencia del hombre estos dos lugares son perfectamente distintos.

 

            Digo: el Sol físico actúa sobre el hombre de una manera, y el Sol de la vida – completamente de otra manera. Cuando el Sol físico amanece el hombre se alegra, se mueve, trabaja. En él aparece un deseo de arreglar los caminos de su vida, de arar sus campos, de sembrar sus jardines, de hacerse casas, etc. Cuando amanece el Sol de la vida, en el hombre aparece un deseo de arreglar sus comportamientos hacia toda la gente. Simultáneamente con esto, toda la gente, como también todos los seres vivientes, desde los más pequeños hasta los más grandes, se le vuelven entrañables, queridos. El que una vez es iluminado por el Sol de la vida, él ya entra en la situación de todos los sufrientes, de todos los pecadores, porque los comprende. El pecador, para él es un prisionero que él quiere liberar. Se detiene delante de él y le dice: “Hermano, sal de esta prisión, porque aquí hambriento morirás. Si te quedas un poco más en la prisión, todos te abandonarán. Tú te quedarás solo, tardarás en tu camino y nadie va a mirarte: no hay quién te dé pan, no hay quién te traiga agua. Sin que la demás gente lo quiera, las desdichas seguirán en pos de ti, porque estás solo en tu camino, confundido y engañado”. ¡El hombre debe andar hacia adelante! Nadie debe, ni puede quedar en su conciencia en un mismo lugar. Para cada día, hay un camino determinado que el hombre debe recorrer en su conciencia. Si el hombre no recorre este camino, él queda atrás. Si se queda atrás, junto con esto vienen y las desdichas para él. Esta es la nueva filosofía de la vida. Alguien dice: “¿Qué importa esto, que he recorrido un pequeño camino en mi conciencia? ¿Qué voy a lograr con esto?” Mucha cosa puede lograrse. Por muy pequeño que sea el camino que el hombre recorre en su conciencia, él cada día va hacia adelante, y como va hacia adelante, cada vez más y más se acerca a Dios. Que con diez centímetros el hombre avance en su viaje o en su movimiento hacia Dios, esto es equivalente a millones de kilómetros en el mundo físico. Decís: “¿Qué importa esto, que he mirado hacia Dios o que he pensado en Él?” Que miréis hacia Dios o que solo penséis en Él, esto vale más que todas las riquezas materiales con las cuales el hombre dispone en la Tierra. Esta es una de las grandes verdades en la vida. ¡Como sabéis esto, no desvaloréis, no despreciéis estas cosas! Alguien dice: “¡Vaya! Tengo tanto trabajo, que me queda solo pensar en Dios y en el lugar donde Él se encuentra. Yo tengo que trabajar, ocuparme con mis necesidades materiales”. Digo: el único lugar, de donde podéis recibir todo lo necesario en vuestra vida, es el lugar de Dios. Si pensáis en Dios, si os fundís con la conciencia de todos los seres que se dirigen hacia Él, esto es suficiente.

 

            Pregunto: ¿qué le cuesta al hombre vivir para Dios? Él sabe esta ciencia. Imaginad que os encontráis delante de una zanja seca, en la cual se encuentra una rueda de paletas. La rueda de paletas quiere moverse, pero la zanja le dice: “¿Cómo puedo girarte, cuando no tengo agua?” Cuando viene el agua, la rueda de paletas empieza a moverse. El agua sabe y puede mover la rueda de paletas; ella no necesita estudiar este arte. El agua dice a la rueda de paletas: “Escucha, tú andarás en la dirección en la cual y yo ando”. La rueda de paletas promete que andará con ella, pero cuando el agua viene, en un primer tiempo ella se eleva hacia arriba y pronto después de esto desciende hacia abajo. Su movimiento está hacia arriba y hacia abajo, y no como el del agua – hacia adelante. Y la gente, como la rueda de paletas, con frecuencia promete: “Yo andaré hacia adelante, andaré por el movimiento del agua”. Sin embargo, cuando el agua viene, ellos inmediatamente se vuelven infieles a su promesa; el agua va hacia adelante y ellos se mueven, bien hacia arriba, bien hacia abajo y quedan casi en un mismo sitio. El agua y la rueda de paletas conversan. El agua dice a la rueda de paletas: “¿Por qué permaneces en un sitio y no trabajas nada?” – “¿Cómo que no trabajo? Tanta harina he molido”. Digo: rueda de paletas representa la vida física de la gente. Si ellos no siguen el camino y el movimiento del agua, siempre en un mismo sitio permanecerán y solo harina molerán. Y la gente, como la rueda de paletas, hace un trabajo, pero su trabajo no es como el del agua. El agua ha pasado por muchos sitios, ha saciado un sinfín de plantas y animales, ha dado vida a millones de seres. La rueda de paletas ha molido millones de granitos, los ha transformado en harina y constantemente se elogia: “¿Sabéis cuánta harina he molido?” Sin embargo, si comparáis el trabajo del agua con el de la rueda de paletas, veréis una diferencia inmensa entre ellos. Ahora, muchos se imaginan, como la rueda de paletas del molino, que han cumplido mucho trabajo. Su trabajo es físico, sin embargo, el trabajo verdadero es el del agua. Ella ha saciado muchas flores, jardines, gente y animales. Ella ha elevado el bienestar de todos los seres vivientes. Por donde ha pasado ella, en todas partes ha dejado su bendición. El agua representa la vida con la cual todos juntos debemos andar. A nosotros, molinos no nos hacen falta, y que la rueda de paletas se quede en su sitio. El agua no va a quedarse para disputar con la rueda de paletas, ella seguirá por su camino. Con este ejemplo quiero voltear la atención hacia los dos tipos de conciencia en la gente: la conciencia de la rueda de paletas, que gira solo alrededor de un centro – la conciencia física del hombre. La segunda conciencia es esta del agua, la cual se mueve, además de alrededor de un centro, más y hacia un ideal superior, en consecuencia de lo cual va hacia adelante y realiza un trabajo. El dirigir el pensamiento hacia Dios es una corriente hacia arriba. La corriente inversa de esta dirección es la corriente del agua, que desciende hacia abajo. La corriente del río muestra el movimiento de la conciencia Divina hacia nosotros, o sea, desde arriba hacia abajo. Cuando pensamos en Dios, nosotros pues, nos movemos hacia arriba, hacia Él. Después de esto, Él se mueve hacia abajo, hacia nosotros, enviándonos Su pensamiento. He aquí por qué, Dios siempre nos envía algo desde arriba, pero y nosotros debemos enviar algo hacia Él.

 

            Y así, cada mañana dirigid vuestro pensamiento hacia esta dirección, donde todos los seres razonables dirigen su pensamiento. De esta manera vosotros participaréis en el bien común. Alguien dice: “Yo no quiero pensar”. – Puede ser que tú no pienses en este, en aquel, en las pequeñeces de la vida, pero en Dios no se puede que no pienses. Tú estás obligado a dirigir tu pensamiento hacia Dios, hacia aquella dirección donde todos los seres razonables dirigen su pensamiento. Ahí el espacio es amplio, no puede proceder alguna discordia. Este lugar traerá unidad entre toda la gente. Cuando la gente dirige su pensamiento hacia una dirección, ellos se acercan hacia Dios, y con esto y sus comportamientos hacia la gente se arreglan. De esta manera la gente será sana, gozosa, tendrá paz en sus almas, rejuvenecerán, saltarán como becerros. El que no dirige su pensamiento hacia Dios, él estará expuesto a todo tipo de enfermedades. El que dirige su pensamiento hacia Dios, él estará libre de todas las enfermedades. Las enfermedades representan parásitos en el aura del hombre, de los cuales él sin falta debe liberarse. Los parásitos, pues, son pensamientos negativos que chupan al hombre, por eso él debe liberarse de ellos. Por lo tanto, si alguien dice que no debe pensar en Dios, él ya cae en la posición de un niño huérfano, sin madre y padre. Vosotros sabéis cuál es la posición de tal niño. Si alguien no se encarga de este, él camina descalzo, desnudo, harapiento, no arreglado. Si miráis su cabeza, veréis que toda ella está emblanquecida de parásitos, de impurezas. Su rostro está amarillento, chupado por estos parásitos. Él camina ni querido, ni amado, hasta que encuentre alguien que lo tome y tenga cuidado de él mientras crece. Este niño inmediatamente cobra ánimo: sus ropitas están limpias, la cabeza – limpia, los pelos – bien peinados. En poco tiempo él se fortalece, se vuelve gozoso, se alegra de la vida, de todo lo que le rodea. He aquí por qué, si el hombre cae en la posición de huérfano, él debe saber que ha cesado ya de pensar en Dios. Entonces los parásitos uno tras otro empiezan a atacarle y él pierde el sentido de su vida. Digo: una dirección hay en la vida y hacia esta dirección toda la gente debe andar. Alguien dice: “¿Qué haremos cuando nos encaminemos en esta dirección? ¿No es suficiente leer la Biblia y el Evangelio?” Vosotros podéis leer y la Biblia, y el Evangelio, pero en la lectura de estos libros hay una filosofía específica. Cuando leéis la Biblia y el Evangelio, donde se habla de Cristo, de los profetas, de la gente buena, quienes han vivido en ese tiempo, vosotros debéis conectarse con ellos y dirigir vuestro pensamiento hacia aquella dirección donde ellos han dirigido su pensamiento. Si os conectáis con estas almas razonables, no preguntéis si Cristo os comprende, si Dios aceptará vuestra oración. Si dirigís vuestra conciencia hacia la conciencia común de todos los seres, de todas maneras recibiréis algo del bien común, independientemente de esto si lo merecéis o no. Es suficiente que dirijáis vuestra conciencia hacia arriba para recibir por lo menos un trocito de pan – dicho en un lenguaje humano. Si no dirigís vuestra conciencia hacia las conciencias de todos los seres, por mucho que lloréis y oréis a Dios, nada vais a recibir. A Dios no Le gusta ocuparse solo con una persona. A vuestra oración Él responderá: “¡Esperarás para mañana!” Al día siguiente te levantarás temprano y esperarás que venga el momento determinado, cuando todas las almas dirigen su conciencia hacia Dios. Entonces y tú dirigirás tu pensamiento hacia Él y no vas a preguntar si estás en la dirección correcta o no, si verás a Dios. Estas son preguntas secundarias. Para ti es importante dirigir tu mente hacia arriba y esperar – de todas maneras recibirás algo del bien común. Y el ciego no ve, pero cuando mira hacia arriba, de todas maneras alguien le pondrá un trocito de pan en la mano. Él dice: “El Sol no lo vi, pero pan recibí”. Esto es suficiente para él. Estas son figuras que aclaran bien la idea.

 

            Y así, toda la gente debe dirigir su conciencia hacia Dios. – ¿Dónde está Dios? – Dios está en este lugar hacia el cual toda la gente buena y razonable dirige su mente. No solo la gente, sino todos los seres, desde los más pequeños hasta los más grandes, dirigen su mente hacia Dios. Alguien dice: “¿En qué lugar     está Dios?” – ¡Eleva tu mente hacia arriba y no preguntes! Cuando os hablo del lugar de Dios, hacia el cual todos deben dirigir su mente, esto no debe meterles en contradicción con vuestro trabajo. Cualquier cosa que trabajéis, cada uno está en su lugar. En este sentido y la rueda de paletas está en su sitio, y el agua está en su sitio. La diferencia entre la rueda de paletas y el agua es esta, que la rueda de paletas gira alrededor de su centro y piensa solo en sí, mientras el agua va hacia adelante y piensa en todos. El que piensa solo en sí, él es una rueda de paletas. Tal hombre, durante toda su vida piensa solo en sí: que tiene necesidad de dinero, que se vista bien, que la gente le honre y respete. Esto es filosofía de la rueda de paletas. Sin embargo y ella hace algún trabajo – muele el trigo. Cuando os acercáis a ella, oís: “Bur-bur-bur” – muele el trigo. Uno tras otros los sacos se llenan con harina fresca, la cual se reparte por los comerciantes para venderla. Este trabajo lo hacéis y vosotros en vuestra vida, pero no estáis contentos. ¡Muestren a un molinero que ha llegado a ser filósofo, escritor o poeta! Hasta ahora, yo por lo menos, no he encontrado ni un molinero que haya escrito algún libro. Pastores han escrito libros, pero molineros – no. Los molineros solo trigo muelen, para nada más les queda tiempo. ¿Cómo se va a salvar el molinero? – Haciéndose pastor o arador. No es necesario que se muela el trigo. Es suficiente que el trigo se triture y que así se coma. El moler del trigo no soluciona la vida. Si el hombre puede alcanzar la manera correcta por la cual el trigo debe comerse, él comprenderá el sentido de la vida. Estas son cuestiones de lado que servirán solo para aclarar la idea. El molinero puede arreglárselas solo. Cuando la gente cese de traerle trigo para moler, él se verá obligado a abandonar el molino. Cuando se quede 1-2 días sin trabajo, él dirá: “¡Este trabajo no será!” – y comenzará otro oficio. He aquí por qué, vosotros no debéis preocuparse sobre qué ocurrirá con lo viejo. Lo viejo por sí mismo se irá y lo nuevo vendrá. Vuestro deber es agarrarse a lo nuevo.

 

            Decís: “¿Cuál es el pensamiento nuevo?” El pensamiento nuevo es el siguiente: ¡dirigid vuestra mente, corazón y voluntad hacia el lugar de Dios! Cuando os levantáis por la mañana, vuestro primer trabajo es dirigir vuestros corazones y mentes hacia aquel lugar, donde en este momento millones de corazones y mentes se dirigen. Estos corazones y mentes vibran con diferentes vibraciones, con diferentes comprensiones, pero un único lugar les atrae – el lugar de Dios. Y en el nombre de este lugar todos los seres vivientes se unen. Mirad algún rey delante del cual todos se inclinan, cuando viene este momento y él, como un niño, por nada turbado, dirige su pensamiento hacia Dios. En este momento y el niño, y el rey son uno. Después de esto el rey toma su cetro, sube al trono, empieza su trabajo diario. En la mañana siguiente, junto con todos los seres debajo de él, de nuevo dirige su pensamiento hacia Dios. En este lugar toda la gente se conoce.

 

            Por lo tanto, el amor verdadero se expresa, cuando se dirige el pensamiento de todos los seres en una dirección. Cuando las conciencias de todos los seres se dirigen hacia una dirección ellos tendrán muchos puntos de contacto entre sí. Sin embargo, si el hombre comienza a girar solo alrededor de su centro, alrededor de sí, todo está perdido. Alguien dice: “Para mí la vida no tiene sentido”. Digo: ¡Si queréis que vuestra vida tenga sentido, dirigid vuestra mente hacia arriba! Esto no es un trabajo difícil. ¿Qué cosa más fácil que esto, que el hombre piense en una dirección? Según yo, más difícil es que el hombre piense en dos y más direcciones, como hace la gente contemporánea, en vez de pensar en una dirección. Muchas veces la gente ha dirigido su pensamiento hacia arriba; ellos saben la dirección de este lugar, pero no le ha venido a la mente que hay un momento común, cuando todos los seres simultáneamente dirigen su pensamiento hacia Dios. Deseen o no, esto ocurre por una ley interna, implacable. El que no quiere someterse a esta ley, a fuerza le obligarán. ¿Cómo? Le cogerá alguna enfermedad y él buscará a Dios, dirigirá su pensamiento hacia Él y agradecerá que se haya enfermado para que piense en Dios. No solo a través de enfermedades, sino y por muchas maneras más puede detenerse la rueda de paletas del hombre, para que le obliguen a buscar el lugar de Dios. Una hora, un minuto o un segundo se requiere, para que se dirijan las conciencias de todos los seres hacia Dios. ¡Magna es esta hora del día! ¡Magno es este minuto de la hora! ¡Magno es este segundo del minuto!

 

            Ahora, voy a leer el capítulo 8 del Evangelio de Juan, del versículo 31 hacia abajo. “Y dijo Jesús  a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos” (– Versículo 31). “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (– Versículo 32). Estos versículos, traducidos según el lenguaje de la Nueva Enseñanza, significan: si todos dirigís vuestra mente hacia Dios, vosotros sois mis discípulos. Entonces conoceréis la verdad, la cual os hará libres. Entonces, cuando el hombre dirija su mente hacia Dios, él se conectará con Su Amor; puesto que Dios al mismo tiempo es Verdad, el hombre conocerá la Verdad, la cual le hará libre.

 

            “Le respondieron: Linaje de Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?” (– Versículo 33). “Les respondió Jesús: Verdad, verdad os digo, que todo aquel que comete pecado, esclavo es del pecado” (– Versículo 34).  “Y el esclavo no se queda en la casa para siempre, mas el hijo sí se queda para siempre” (– Versículo 35). Por lo tanto la rueda de paletas no puede existir por largo tiempo. Cuando cumple un cierto trabajo, ella se destruye y el agua se lo lleva – no puede quedarse por largo tiempo en su lugar. “Sé que sois descendientes de Abraham; sin embargo, procuráis matarme, porque mi palabra no tiene cabida en vosotros” (– Versículo 37). Cristo comprendía no solo el asesinato externo, sino y el interno. Cuando el hombre sacrifica lo Divino dentro de sí por algo fútil, es igual como si lo matara. Y entonces él es un hijo de asesino. “Yo hablo lo que he visto en mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis visto de vuestro padre” (– Versículo 38).

 

            “Respondieron y le dijeron: nuestro padre es Abraham” Así habla el hombre físico, la rueda de paletas, y él no conoce a su Padre. “Jesús les dijo: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais” (– Versículo 39).  Abraham conocía a Dios. Vosotros creéis en Abraham, pero no creéis en Aquel, en el cual él creía. “Pero ahora procuráis matarme, a mí, el hombre, que os ha hablado la Verdad, la cual he oído de Dios; eso no hizo Abraham” (– Versículo 40).

  

            “Vosotros hacéis las obras de vuestro padre” (– Versículo 41). Si vosotros hacéis las obras Divinas, ¿por qué reprocháis Su Verbo? Por eso, exactamente, viene la verdad amarga, que sois de un padre diablo. Cada cosa, que separa al hombre de Dios, es de un padre diablo; cada cosa, que envicia a lo bello, a lo sublime, a lo noble en el hombre y lo aparta de él, y esto es de un padre diablo.

 

            “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y las lascivias de vuestro padre queréis hacer” (– Versículo 44). “Y a mí, porque quiero la Verdad, no me creéis” (– Versículo 45). “Yo conozco a Dios y guardo Su palabra” (– Versículo 55). No es suficiente que el hombre solo conozca a Dios, pero él debe guardar su palabra, o sea, que cumpla Su Voluntad.

 

            “Tomaron entonces piedras para arrojarlas sobre Él. Jesús se escondió, salió del templo, paso por en medio de ellos y así se fue” (– Versículo 59). Por lo tanto, el que arroja piedras sobre la Verdad, esta saldrá de él y él quedará solo. Puesto que los hebreos arrojaban piedras sobre la Verdad, ellos y hasta hoy día vagan por el mundo ni queridos, ni amados. Desde hace 2000 años hacia acá, ellos han divagado por el mundo como ningún otro pueblo. Hoy, sin embargo, la piedad Divina está sobre ellos. A la misma experiencia será expuesto cada hombre que arroje piedras sobre la Verdad. Si es un pueblo o un hombre que se manifestará así, las consecuencias serán unas y mismas. Si queréis tener la piedad Divina sobre vosotros, cada mañana dirigid vuestra mente en la dirección donde todos los seres dirigen su pensamiento. Decís: “¿Cómo debe comprenderse el versículo, en el cual se dice que Cristo se ha escondido del pueblo?”. Imaginad que yo llevo una vela encendida y muestro con ella el camino a cientos de almas. Sin embargo, estas no comprenden esto que hago por ellas, y empiezan a disputar entre sí, se pelean por quién de ellas tomará la vela encendida. Para evitar esta contienda, yo soplo la vela y ellas se quedan en obscuridad. Ellas ya no me ven, para ellas yo me he escondido en alguna parte. Así hizo Cristo: sopló la vela que llevaba y la conciencia de todos se obscureció, ya no veían. Esto significa las palabras “se escondió Jesús”. La fuerza del hombre consiste en la luz de su conciencia. Cuando quiten su luz, él pierde ya su fuerza. Cuando el hombre se queda en obscuridad, él camina torpemente, no está seguro de sus pasos. Cuando viene la obscuridad y el movimiento cesa. El parar es una limitación. Lo mismo se refiere y al pensamiento, y a la conciencia del hombre. Hasta que en la mente del hombre hay luz, él piensa recto y actúa recto. Cuando la luz en la mente del hombre se apaga, él ya no sabe lo que hace – él se queda sin dirección de movimiento, sin compás. Los turcos tienen una costumbre, cuando les viene alguien de visita, en la noche ellos cierran la puerta de la habitación en la cual el visitante dormirá, y en la mañana, cuando quiere salir, él debe tocar a la puerta para que venga el dueño de la casa y le abra. Lo mismo ocurre y con cada hombre que pierde la luz de su conciencia. Cuando pierde su luz, él se queda en obscuridad, no puede salir fuera. Él no sabe qué dirección coger y espera a que venga el amo, que gire la llave, que le abra, que salga de ahí.

 

            Digo: para el hombre que ha caído en obscuridad, la cosa más importante es la luz. Para el sediento, lo más importante es que llegue a la fuente de la vida. Para el ignorante, para el indocto, lo más importante es que alcance los libros de alguna biblioteca. Para el que ora a Dios, lo más importante es el templo. El templo es el lugar donde está Dios. A este lugar todos le buscan. La gente busca este lugar, aquí o allá, pero en ninguna parte puede encontrarlo. El templo está en aquel lugar donde todos los seres simultáneamente dirigen su pensamiento. Alguien dice: “Cuando oro internamente, esto es suficiente”. Esta es la posición de la rueda de paletas que gira. Que ore el hombre en sí mismo, esto es un nivel de conciencia, pero no aquella gran conciencia, en la cual participan todas las almas. En esta posición ellas simultáneamente reciben y dan del bien común. Es suficiente que el hombre dirija su mente hacia el lugar de Dios, para que reciba parte del bien común. Tal es la ley. Cuando el hombre dirige su mente hacia Dios, junto con todos, para media hora solo, él recibirá el mismo bien que recibiría si todo el día fuese tocando a la puerta Divina. Aunque fueses el último, basta que vengas a tiempo; si puedes solo por un momento fusionarte con la conciencia común, tú de nuevo recibirás la bendición Divina. Dios no hace diferencia si alguien ha llegado primero o último. Y el que ha llegado primero, y el que ha llegado último, de todas maneras recibirá parte del bien común. El bien común es para todos. Todos esperan el momento cuando la bendición Divina se derramará sobre ellos. Esto dura solo un momento, después de lo cual la puerta de la bendición se cierra.

 

            Decís: “¿Qué haremos después de esto?” – Cada uno descenderá para trabajar en sí mismo. Si Dios no desciende en el hombre y si el hombre no trabaja sobre sí mismo, él nada puede hacer. Si Dios no desciende en el hombre, cualquier trabajo que hace, él se parece a una mujer, la cual todo el día gira la rueca pero no hila nada, puesto que no tiene lana. El que ha ido donde Dios, él trabaja durante todo el día y saca algo, porque tiene suficiente lana en su rueca. Teniendo en cuenta esto, vosotros os formaréis una imagen clara de dónde está el lugar de Dios y qué adquiere el hombre cuando dirige su conciencia hacia Él. Hay tres momentos durante el día cuando el hombre dirige su conciencia hacia Dios: por la mañana, durante el amanecer del Sol; al medio día, cuando el Sol está en su cenit; y en la noche, al ocaso del Sol. Los seres razonables están y en las tres áreas, en las tres fases del Sol, pero cuando se unen juntos, para ellos ya no hay ocaso. Para los seres que dirigen su mente hacia Dios hay solo amanecer. Cuando Dios salga, todos reciben Su bendición. Durante todo el día este Sol sigue brillando. Si alguien dice que no sabe dónde está el lugar de Dios, esto muestra que él se ha quedado atrás, ha confundido el camino. A tal hombre no le queda otra cosa, salvo caminar por la corriente del río.

 

            Y así, el que busca a Dios solo, él está en un camino torcido. Los hindúes dicen que el hombre debe enfocarse en sí mismo y que ahí encuentre a Dios. Esta es una filosofía torcida. Y hasta hoy día la gente busca a Dios en sí misma, pero no pueden encontrarle. Cuando se dice que Dios está en el hombre, debe saberse en qué lugar exactamente está Él. Unos buscan a Dios en su mente, otros – en su corazón, pero todavía no Le han encontrado. El hombre puede encontrar a Dios, cuando detiene su atención sobre toda la gente que también como él busca a Dios. Ellos deben estar en la posición de discípulos que miran hacia su maestro, lo que él hace. El maestro tiene útiles con los cuales se sirve. Y el discípulo mira hacia estos útiles, se aprovecha de los conocimientos de su maestro. Su maestro mira hacia otro maestro; él, pues, hacia otro maestro suyo, etc. El discípulo debe extraer sus conocimientos del lugar donde el maestro extrae conocimientos. De este lugar todos los seres extraen sus conocimientos. Si dirige el hombre su mente hacia la dirección donde todos los seres se dirigen, él adquirirá tanto como hubiera adquirido, si hubiese tocado durante miles de años (a la puerta – n. del t.) en un mismo lugar. Esta es la única manera por la cual el hombre puede conocer a Dios. Y después de esto él dirá: “¡Comprendo ya qué cosa es Dios, qué cosa es el Amor!” Digo: el discípulo debe dirigir su pensamiento en la dirección donde su Maestro dirige su pensamiento. En esto consiste la salvación del mundo. Si no actúa el discípulo como su Maestro, nada es capaz de ayudarle. ¡Elevad vuestro pensamiento hacia arriba! Ahí está vuestra salvación. Cualquier otra cosa que os hablen – no creáis. ¡Dirigid vuestro pensamiento hacia arriba, donde y dioses, y querubines, y ángeles, y santos, y madres, y padres, y justos, y pecadores, y animales dirigen su pensamiento! Observad al grillo, que veáis cómo él, junto con todos, dirige su pensamiento hacia Dios. Miradlo, está delante de su hoyito, piensa algo. ¿Qué piensa? – Dirige su mente hacia arriba. Decís: “El grillo es un ser tonto, él no concientiza lo que hace“. – No es tonto el grillo. El piensa en Dios y dice a sí mismo: “Solo mi pensamiento para Dios es capaz de sacarme de este hoyo”. Hoy piensa en Dios, mañana piensa, hasta que un día se ve fuera de su hoyo, ha pasado a una forma de vida más alta. Por lo tanto, solo el pensamiento hacia Dios es capaz de sacar al hombre de las condiciones limitadas en las cuales se encuentra. Este pensamiento le va a liberar y de sus deudas. Si desciende Dios entre la gente, Él todo lo hará. Él les salvará. Él arreglará el mundo. No hay otra filosofía para la vida salvo esta. Alguien dice: “¿Cómo hay que comprender este trabajo?” No hay qué comprender, dirigirás tu pensamiento ahí, donde todos los seres vivientes dirigen su pensamiento. La comprensión vendrá desde arriba, como también la bendición. Cuando en vuestro hogar venga algún viajero hambriento, triste, congelado, ¿le preguntáis vosotros de dónde viene? Primero le invitáis cerca del fuego, que se caliente; luego le dais un vaso de agua caliente o té, que moje su garganta; después de esto le dais de comer; y por fin, cuando descansa bien, él mismo empieza a contaros de dónde viene y lo que ha vivido.

 

            Que este pensamiento – el lugar de Dios – sea para vosotros algo precioso, sin lo cual no podéis. Que este se vuelva para vosotros un talismán. Si tenéis este talismán en sí mismos, y aunque os estéis ahogando y comenzáis a pensar en Dios, os salvaréis.

 

            Mañana por la mañana subiremos a la nueva cima, donde hemos limpiado el camino – que ahí oremos y agradezcamos a Dios. Después de esto iremos al Riñón (“Bábreka”, el quinto lago de Rila – n.d.t.), que lavemos nuestras manos y pies del camino largo. Mientras el hombre busca a Dios, sus pies siempre están enlodados. Cuando Le encuentra, él lava sus pies. El lavamiento de los pies, no externamente, sino internamente, representa un emblema en la vida humana. Cuando encuentra a Dios, ya no piensa en nada. Él lo ha logrado todo. Qué ocurrirá con los muertos, con los pobres, con los sufrientes, él ya no piensa en nada. En el mundo Divino no hay muertos, no hay pobres, no hay sufrientes. Ahí todo está arreglado.

 

Conferencia del Maestro, dada el 5 de agosto del año 1931, a las 5 de la mañana, en Rila, durante la gran reunión anual de verano.

( El quinto lago de Rila )

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Creada por ANTONIO CERDAN Jul 23, 2012 at 6:46am. Actualizada la última vez por E M A R Mar 16, 2016.

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May 5
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May 5
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May 4
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May 4
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May 4
Flavio Encinas comentó sobre la publicación en el blog Nuevos sanadores que se integran al servicio en Fundación Hijos del Sol ( FHISOL ), en la ciudad de Querétaro, México de Rafael Alvarez Martinez
May 4
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May 2
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May 2

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