"GRATITUD CONSTANTE" (II) - Conferencia del Maestro Beinsá Dunó

GRATITUD CONSTANTE

(II)

 

Tercer verbo matutino, dado por el Maestro Beinsá Dunó, el 26 de octubre del año 1941, domingo, a las 5 de la mañana, Sofía – Izgrev.

 

            “La Buena oración” – oración.

            “Salmo 91” – Salmo.

            “Oración del Reino” – oración.

            “Al principio era el Verbo” – canción.

            Reflexión.

            “El Espíritu de Dios” – canción.

            Leeré el primer capítulo del Evangelio de Lucas.

            “Venir Benir” – canción.

            Es ridículo a veces hablar a un hombre que ha trabajado 10-11 horas. Él necesita descanso. La gente contemporánea está cansada de preocupaciones por lo que va a ocurrir con ellos. Alguien se preocupa por su vejez, alguien se preocupa por su juventud, por alimento, por lo que sea. Se preocupa a veces de que ocurra alguna catástrofe con la Tierra. Alguna vez nos asustamos pensando que a lo mejor el Sol se apagará. Se nubla el cielo, nos asustamos. Se vuelve frío, nos asustamos. El que no tiene, tiene miedo; y el que tiene, y él tiene miedo – no es una desgracia. Cuando no hay – mal, cuando hay – de nuevo mal. Pasas por el bosque cuando no tienes nada, te cogen los bandidos, meten la mano en tu bolsillo, te sueltan. Si eres rico, cuando pasas te cogen, te cachean, te toman lo que tienes. ¿Qué es mejor: que te roben cuando tienes, o cuando no tienes? Algún día estás bien dispuesto, pero después de un poco miras que toda esta disposición alguien te la ha robado. Te vuelves pobre. Estabas sano por un cierto tiempo, viene una enfermedad, tienes fiebre, aparece dolor de cabeza, dolor de estómago, cualquier otra cosa. Después de todas estas contradicciones, nos van a enseñar que en aquel mundo iremos al paraíso. Ahora viene algún predicador para predicar a los peces que salgan a donde la gente. Cuando lleguen los peces, ¿cómo los recibirán? Bastantes planchas tiene la gente para los peces. Estas son comparaciones.

            Debe saberse que los ángeles tienen completamente otras mentes, completamente otras experiencias. Ellos son seres puros, finos, su organismo no es como el humano. El hombre, a donde quiera que vaya, todos le verán. A un ángel nadie puede verle. Si quiere ser visible, se vuelve visible. Si quiere ser invisible, queda invisible. Viaja de un sistema solar a otro, va a una excursión cuando quiere. Tú no puedes ir. Para ir de aquí a Burgás, hacen falta 800 levas. ¿Si vas caminando, cuánto tiempo necesitas? ¿Dónde encontrarás pan? Ahora hacen falta cupones. Te vas a Suiza, se necesita permiso en todas partes. Cuando te vayas ahí, de nuevo cupones hacen falta, pues, y dinero hace falta. Con poco dinero, como aquí en Bulgaria, no se puede, con mucho dinero se hace. Así como hablamos, representamos un mundo para aquella gente que no es avanzada para el mundo Divino, que no comprende las leyes. Estas contradicciones entonces existen. Las contradicciones existen para aquella gente que no es iluminada. Vemos el mundo parcialmente, puesto que las cosas no ocurren como nosotros pensamos, todo es una contradicción. Por ejemplo, en nosotros hay una gran contradicción cuando el tiempo se vuelve frío o caliente. Cuando el tiempo se vuelve frío y luego caliente, estas son condiciones para las gotas de lluvia. Si el tiempo no se vuelve frío y caliente, no se puede formar la lluvia.

            Así que digo, ahora nosotros hemos llegado en una situación, de que hace falta algo nuevo en el mundo. Los niños pequeños pueden ocuparse con palos, con caballitos, pero los niños crecidos no pueden ocuparse con caballitos. Las muchachas crecidas no pueden ocuparse con muñecas. Tenemos creencias viejas para aquel mundo, pensamos en el paraíso. El día de anteayer, representé los conceptos de los búlgaros sobre el paraíso y los conceptos de los turcos sobre el paraíso. El búlgaro piensa que aquel mundo representa un silencio, algún muerto no tiene derecho de hablar. Todos sentados en sillas – vestidos muy bien, pero cada uno permanece callado, nadie habla a nadie. Lo que les envían de este mundo, el alimento está ahí y nadie puede comer, se ha acumulado el alimento. Cuando se acumula y no hay lugar, entonces a ése de aquel mundo le envían aquí, le envían también su alimento para que lo coma. A algunos, que son más grandes, de aquel mundo les es enviado. Tienen menos – son pobres. Así percibe el búlgaro. El turco percibe que en el paraíso hay montañas enteras con pilaf (arroz cocido – n.d.t.) cubierto con mantequilla. Cucharas, las que quiere – de plata, de oro. El hombre debe ir a aquel mundo para verificar lo que es recto. Aquel mundo es un mundo de comportamiento razonable, del cual se ha dicho que ojo no ha visto y oído no ha oído, de manera humana cuento las cosas. Decís: “¿En aquel mundo podemos vernos o no podemos vernos?” La gente se ve en aquel mundo cuando se ama. Cuando no se ama no puede verse. Si se ama, estudia en la escuela; si se ama, está trabajando, está en el campo. Si no se ama, en el campo no hay nadie. Decís: “¿A dónde van?” Si no se aman, aquí en la Tierra están. Ahora todos vosotros, cuando os amáis, en aquel mundo estáis. Si no os amáis, aquí en la Tierra estáis. Toda la gente que vive en la Tierra son los que no se aman. Todos los que se aman están arriba en el Cielo. Ahora podéis preguntar: “¿Que lo aceptemos?” Éste es un trabajo vuestro. Yo os doy una comida. Si la coméis – bien, si no la coméis – trabajo vuestro es. Nada en el mundo se pierde. Hay ciertas enseñanzas en el mundo que sirven como distracciones, éstas son útiles, éstas son sombras de la vida, sin éstas no se puede. Hay ciertas comprensiones que son reales. Digo, vosotros habéis llegado a la posición de tener una comprensión real. Entonces tendréis una paz estable.

            Ahora incluso los santos que han permanecido largo tiempo en la Tierra, no han tenido paz. A un santo puede perturbarle un pensamiento muy pequeño, insignificante. Imaginad un santo que pasa 30 años en el desierto, ha alcanzado una altura grande. Pasa una muchacha bella, y si le pasa solo un pensamiento: “Sería bueno que me haga los quehaceres”, y él perderá todo lo que ha ganado. Si piensa en que le traiga un poco de agua, él perderá todo. Si el santo, después de estar 30 años en el desierto, sale fuera y encuentra a alguna muchacha, toma el cántaro, lo llena de agua, le trae agua para beber, le da un vaso, le ayuda – y él, se eleva. Si ve a una muchacha bella, le ayuda, si ve a una fea, y a ella ayuda – se eleva más todavía. Ahora la gente, cuando ve a la muchacha bella, se les hace agradable, piensan que no tienen pecado. Cuando vean a la fea, de ella todos huyen. Esto de lo cual toda la gente en la Tierra huye, el santo va. La gente a la cual se acercan, de ahí huyen. No puedes comprender este trabajo. El profesor científico no debe ocuparse con trabajos infantiles, con juguetes.

            Así que la primera cosa: en el Cielo no puede entrar un hombre que es feo, le excluyen. En la Tierra un feo puedes ser, y negro, y de todo tipo puedes ser. En el Cielo se requiere sin reproche. Si falta un pelo de tus cejas, no puedes ir. Si falta un pelo de tu cabeza, no puedes entrar, si falta un pelo de tus bigotes, no puedes entrar, si tus uñas son largas, de nuevo no puedes entrar en aquel mundo. Si tienes un poco de lagañas en los ojos, se fue. Debéis hacer traducciones ahora. ¿La lagaña qué muestra? Alguna vez se acumula una substancia blanca al final de los ojos ¿qué muestra? Que el pensamiento debe ser blanco, luminoso, puro. Las lagañas aparecen para recordarle que empieza a mirar torcidamente. Cuando empieza a mirar torcidamente, empiezan a aparecer las lagañas blancas. A mí ha venido mucha gente devota, me dicen: “Yo amo mucho al Señor”, pero miro, lagañas en los ojos tiene. Un hombre con lagañas no puede amar como debe. Él debe enderezar el error de la lagañas. Cuando limpies las lagañas corregirás el error dentro. Te coge una tos, miro aquí que empieza a dar voces la tos por aquí y por allá, hay algún defecto. ¿Al Amor para qué le hace falta la tos? Todas las enfermedades en el mundo se deben a alguna escasez en la vida. La causa es, o bien que no comprendes la verdad Divina como es debido, o bien que no comprendes el Amor Divino como es debido. Desde este punto de vista cada uno puede curar las enfermedades. Te duele la garganta, sabrás si no comprendes la Verdad, si no comprendes la sabiduría Divina, o no comprendes el Amor Divino. Cuando encuentro el error debo enderezarlo. Cada día debéis hacer pruebas. Te duelen los ojos, de nuevo la misma ley. Te duelen las orejas, de nuevo la misma ley es. Esto es para aquel que comprende. El que no comprende irá a los médicos, le empujarán los ojos, los estropearán. Alguna vez irás para empujarte los ojos. Si empiezan a empujarte los ojos, las orejas, los estropearán. Yo me asombro alguna vez cuando se enferma la gente. La enfermedad más pequeña que es dada, ésta es una prevención. Un día la gente no puede aguantar. Se eleva la temperatura. ¿Quién es la temperatura? 38 grados, 39 grados. ¿Pues qué son 39 grados? A 39 grados las patatas no pueden hervir. “Tiene -dice- 40 grados”. Pues a los 40 grados un huevo no puedes hervir. Comprendo que sean 90 grados.

            Ahora hemos llegado a una época de pagar. Tú estabas muy bien, viene alguien, te coge, quiere 20-30 mil para darle. Te coge, tú no has comido, ni has bebido, ni has tomado caviar negro, te coge, dice: “Pague usted”. Tú pagas y dices: “Por bien”. “¿Pues cómo por bien?” Tú exactamente hiciste un mal porque le diste dinero. Tú, cuando le diste dinero, le hiciste mentir, que no te encuentre por las calles, que se esconda. Tú empiezas a pensar mal. Antes de darle el dinero tú pensabas bien, él no te evitaba. Ahora tú dices: “Tal vagabundo, un golfo”, alteras tu paz. Yo he solucionado esta cuestión así. En el futuro, cuando queráis dar dinero a préstamo, sacaréis piojos de vuestra cabeza. Cuando alguien quiere dinero a préstamo, tomaréis el peine y tantos como caigan, dadle este oro. Si no podéis convertir un piojo en oro, ¿entonces qué conocimiento tenéis? Los creyentes deben saber que el Mundo Razonable está exactamente determinado. Cuando viene un hombre razonable, quiere servir a Dios, todo le es dado. Extraña es la gente, se le deben comprobar las cosas. Cuando un soldado se va al campo de batalla, le equipan con un rifle, con balas, ropas, se va el hombre. Le dan comida y él se va para luchar. Ha llegado ahora de trabajar para el Señor y de nuevo quiere equiparse. ¿Acaso no está arreglado en el mundo Divino? Todo está arreglado. Tú, cuando vas a trabajar para el Señor, todo está previsto, pero trabajarás por Él. Que seas de aquellos soldados que cuando disparan, ni una bala va al vacío, cada una va a su sitio. Dice: “Nosotros no queremos luchar”. No queremos luchar porque somos cobardes. Esto no es heroísmo. Cuando el fuerte se niega de una guerra, comprendo, pero cuando el débil se niega de una guerra, esto no lo comprendo. Cuando el fuerte se niega de un trabajo, comprendo, pero cuando el débil se niega de un trabajo dice: “No quiero trabajar”, pues él aunque quiera no puede trabajar. El fuerte, si no trabaja, él es un hombre prudente, dice: Tal trabajo no trabajo, éste causará perjuicio a la gente. No quiero causar perjuicio. Puedo trabajar esto lo que va a causar provecho a la gente. No quiero trabajar”. Así algunos de vosotros no quieren trabajar. Cada trabajo que es para provecho de los demás y para nosotros, esto es trabajo. Cada trabajo que no es útil, que solo te agotas de trabajar: recoges tesoros, bienes, recoges dinero, pierde la riqueza su valor… Dicen que ahora en Siberia había 5 millones de pobres que vagaban, y que el país ruso no puede ayudarles. Nosotros con nuestra preocupación preocupamos, y esto lo que ocurre en Rusia no es nada. Nosotros alguna vez a nuestros ciudadanos dentro de nosotros les hacemos morir por millones de ellos, por nada importante, por algún capricho. En un estado irritable, en una ira, al hombre se le mueren 5 millones de células. Te peleas con alguien, con alguna vecina, y 5 millones de víctimas van al hogar. Tú estás indispuesto después de esto. ¿Cómo no vas a estar indispuesto? Se han muerto 5 millones que deberían vivir, que atribuyen provecho. Tú por un capricho, porque alguien debería darte 5-10 levas, les sacrificaste.

            Dice: “¿Qué ocurre?” Aquí y la gente religiosa lo hace. Aquí miro un día, después de hablar en una conferencia, a una hermana de edad y una hermana joven erudita, además de las creyentes y las dos, se besaron. Una me dice: “Tú, Maestro, con tu Enseñanza me engañaste. Yo hubiera arreglado mi vida. Perdí mi vida contigo”. Comprensión ahora. Nadie la ha obligado para venir aquí a la fuerza.    

            Digo: Cada uno ha sido enviado, y voluntariamente ha llegado a la Tierra, nadie ha sido enviado a la fuerza. Cuando has llegado a la Tierra, el Señor te ha enviado para estudiar, no para que te engañes. No vayas a esperar que todo esté listo, estudiarás. Digo, no es bello esto. Guardaos de murmurar. Puesto que el Señor te ha enviado a la Tierra, ¿dónde hubieras estado, qué harías? Vosotros tendréis otra experiencia. Después de la partida veréis cómo es en aquel mundo. A lo mejor hasta ahora no habríais muerto. El murmurar es un trabajo malo. ¿Pensáis que si en el comer no toman participación estas 10 millones del estómago, si ellas no trabajan para ti, si ellas se niegan a trabajar, sabes lo que va a ocurrir? 10 millones de almas trabajan solo en el estómago. Si tú deberías pagarles por un día de jornal 1 leva a cada una, entonces 10 millones de levas por el trabajo que ellas realizan. Si decides comprar este trabajo con dinero, es imposible pagarlo. Todo esto se te da gratis, y tú eres un murmurador que no has hecho nada, a nadie has ayudado, solo has comido, has caminado, has movido el aire, por aquí y por allá has dado algunos discursos, nada ha ocurrido, nada has hecho. Esto es un defecto de toda la humanidad contemporánea. Si subís al Mundo Invisible, les llaman murmuradores. Dicen: “¿Quiénes son ellos?” Los murmuradores de la Tierra. Todos los creyentes, ellos son siempre murmuradores. Entre 1000 apenas encontrarás a uno que no es murmurador. Alguien en el año murmura, alguien cada mes murmura, alguien en la semana murmura una vez. Así que hay murmuradores que 365 días al año murmuran, algunos murmuran 52 veces, algunos 20 veces murmuran, algunos solo una vez al año murmuran. La ley es tal que cada murmuración no se reconcilia. Alguna vez a la murmuración la ponen a trabajar, alguna vez regresa de vuelta esta murmuración y nosotros llevamos las malas consecuencias. Los hindúes han formado esta filosofía, karma. Dicen karma. Esto es la murmuración. Esto lo que le es dado por Dios, no está contento, él quiere crear una vida específica. Toda la gente en la Tierra ha perdido sus planes. Porque a cada alma que sale, le presentan un plan, dicen: “¿Puedes cumplir esto en la Tierra?” Ella firmará. Con un documento habéis descendido a la Tierra. Cuando descendáis a la Tierra, veis que es un trabajo difícil, decís: “Esto no se puede” y comenzáis un plan nuevo. 50-60 años vivís y nada podéis hacer. He aquí lo que ocurre. Cerca de Nova Zagóra encontré hace dos años, antes de llegar a Sofía, a una muchacha. Siendo ella una muchacha joven de 16 años, su abuelo le dio un Evangelio. Ella joven, se va al joró (un baile típico búlgaro – n.d.t.) para amarse con los muchachos. Por encima puso su ajuar, la camisa para el suegro, para la suegra, las cuñadas, etc. Se casa, le nace un hijo y después de 16 años su hijo muere. Luego y su marido muere. Reúne a todas las mujeres para leerles el Evangelio, dice: “Leedlo porque todo lo que tenéis, todo se irá”. Dice: “Hace 16 años tendría que haberlo leído, no ahora, cuando mi marido partió, mi hijo partió”.

            Digo: Nosotros hemos llegado a la Tierra y debemos encontrar este Evangelio. No que lo encontremos cuando parten nuestros cercanos, sino que antes de que haya partido el niño, para que y éste niño lea el Evangelio, y que él cumpla la Voluntad de Dios. Así que digo, a veces yo me asombro de la conciencia de la gente. A veces aprendo y digo: no pasa nada, pasará.      

            Ahora vais a comprenderme correctamente. Si os digo así: Estudiad la ley de los hechos; si os digo así: estudiad las leyes mismas, y estudiad las leyes y los principios, ¿qué comprenderéis vosotros? Que aclare. ¿Qué es un hecho? El hecho siempre se refiere a la gente buena. Debéis estudiar a la gente buena. Cuando hablamos de los hechos, el hecho para mí es el bien en el mundo. Si se habla de la ley, comprendo la rectitud, la justicia en el mundo. Esto para mí es la ley – la justicia. Si se habla de principios, comprendo la vida razonable. Los principios, esta es la vida razonable. ¿Qué es el hecho por sí mismo? ¿Qué realidad tiene? Si el hecho es un emblema de un hombre bueno, este hecho es como una base en la vida. Lo bueno en nosotros, esta es la base en la vida, sobre la cual debemos edificar. La justicia en nosotros es el material mismo con el cual debemos edificar. Edificación hace falta. El hombre justo debe trabajar. El bueno es una base, mas el hombre de los principios es un hombre razonable. El hombre razonable es aquel que debe entrar para vivir en esta casa, para recibir y enviar a los cercanos que él tiene. Entonces la vida tiene correspondencia. Si ponemos el principio como una medida abstracta, no es nada. ¿Qué es el principio? Principio significa un hombre al que le gusta dar órdenes. Coge el principio para dar órdenes. La ley es que limites, el hecho es que pegas. Nosotros comprendemos el hecho – que le pegas, la ley – que le limitas, y el principio – que le dominas. En esto no hay ninguna filosofía. Que estudiemos los hechos significa que estudiamos a la gente buena, que tengas conexión con ellos. Que estudiemos las leyes en el mundo sobreentiende que sepas qué trabajo hace la gente justa en el mundo. Estos son seres vivos, no son fuerzas mortales. La Escritura dice: “No murmures delante del Señor”. Delante de ti hay un ángel que te escucha, lo escribe todo y ve hasta qué punto de desarrollo has llegado. Si no valoras los ojos que Dios te ha dado, dice: “Guarda tus ojos, no ves muy bien el trabajo, harás muchos errores y en el escribir, y en la comprensión”. Más si dañas tus orejas, entonces no oirás bien. Si dañas tu nariz, tu olfato, otra desgracia vendrá. Si dañas tu sabor, otra desgracia vendrá.

            Así que digo, todo debemos mantenerlo en buen estado. Que mantengamos en buen estado nuestros ojos. Dice: “Se me enfermaron los ojos”. ¿Por qué? Por murmurar. ¿Por qué se enfermaron las orejas? Por murmurar. ¿Por qué se enfermó la boca? Por murmurar. ¿Por qué mueres? Por murmurar. Cuando dejemos de murmurar los ojos se renovarán. Cuando dejemos de murmurar las orejas se renovarán. Cuando dejemos de murmurar el cuerpo se renovará. Cuando dejemos de murmurar, la vida mejorará, la riqueza vendrá, la salud vendrá, todo vendrá. Si hay murmuración, todas las cosas fluyen hacia afuera y vienen todas las desdichas en el mundo. Cuando leemos el Antiguo Testamento, dice: “El Señor dejó este pueblo para purificarlo”. Los hebreos eran tan murmuradores que el Señor les dejó para purificarlos, dice: “De ti levantaré un pueblo, mas a estos murmuradores que salieron de Egipto, los voy a purificar”. ¿Qué diréis?

            A aquella gente que sacó de Egipto, no podía introducirlos en la Tierra y los exterminó. Con murmuración no se puede entrar en la tierra de Canaán. Decimos ahora: “Todos entraremos en Canaán”. Con murmuración no podemos entrar. Ahora, la murmuración está en niveles. Algunos de vosotros murmuráis una vez al año, algunos – una vez al mes, algunos – una vez a la semana, algunos de vosotros – cada día. Yo hago una diferencia. Murmuráis una vez al año, esto es para un hombre de pinta rara. Así que no me detengo sobre los demás errores. A mí los demás trabajos no me interesan. Me detengo sobre la murmuración, puesto que esto es un resumen de todos los errores que tiene el hombre. Algún comerciante cuando cae en dificultades, entonces murmura, comienza a abrir las agendas viejas. Antes estaba generoso, abre la agenda, ve que alguien tiene que darle 5-10 levas, no hace caso. Ahora quiere sus 5 levas y hará un escándalo.

            Ahora alguien dirá: “El Maestro nos toma el pelo aquí”. ¿Qué os tomo el pelo? Desde arriba me estiran las orejas, dicen: “¿Tú sabes lo que hacen?” Todas las estaciones están abiertas, cada uno por su nombre, fulano lo que hace, toda la noche les veo lo que hacen. Alguna vez cierro, para no ver. Alguna vez veo a alguna hermana, se va ahí en el jardín, cuando maduran los melocotones. Se va, llena sus bolsillos y mira que no la vean. No toma 1-2 melocotones, sino que llena sus dos bolsillos, camina como si nada hubiera hecho. Dice: “Todo es de Dios”. Sus bolsillos están llenos. Aquí hace años, cuando comenzaron a madurar las uvas, empezaron a desaparecer. Dije a los hermanos que las guarden, porque alguna gente externa viene y las roba, que cojamos a alguien. Una noche alrededor de las 10, me traen a uno y dicen: “Hemos cogido a éste en el viñedo”. “¿Quién es, es algún externo?” Él dice: “¿No me conoces, Maestro?” Había aquí un hermano joven, creyente, dice: “Fui para cortarme uvas, ellos me cogieron”. Ellos me preguntan: “¿Que le entreguemos a las autoridades?” Digo: “Hermano, estas uvas son verdes, si quieres uvas, ven, te daré. No vayas en tiempo nocturno para tomar uvas. Das un mal ejemplo”. Ahora puedo deciros el nombre, ¿pero qué os aprovechará? Estos trabajos son muy pequeños, pero de estos proviene la murmuración. Otros, cuando vayan, dicen: “Han recolectado el viñedo”. Y ellos murmuran, pero el mal está ahí, que para ellos no han dejado. Vosotros no comprendéis.

            Donde quiera que esté el hombre, llevad la siguiente moral. Yo lo guardo para mí. Yo, cuando vaya a una fuente, primeramente me siento para descansar bien y para agradecer a Dios que he llegado a esta fuente. Primeramente yo no sé dónde está la fuente. ¿Yo cómo la encuentro? Si es al medio día, miro hacia dónde van las aves. Éstas van hacia algún centro. Miro, más no hay a quién preguntar. Veo, por aquí un avecita va, desde ahí va hacia un centro. Cuando encuentro la fuente agradezco a las aves. Me siento junto a ella, miro como brota el agua, pregunto: “¿Me permitiréis beber de esta agua?” – puesto que hay seres que guardan. Dicen: “Con un corazón alegre, bebe”. Entonces yo bebo y agradezco a Dios. Cuando voy a alguna pera, corto 2-3 peras, como mucho tres: éstas no son pocas peras. Vosotros, he observado, no cortáis la más pequeña, pero cuando miráis – la más madura, la más bella, la más grande elegiréis. Luego, y otra cosa guardo: la semilla que tomo de estas peras, no la tiro, sino la recojo en mi bolsillo. Nada estoy tirando. Y el tallo guardo, lo utilizo para curación. Son ideales, no os voy a decir lo que puede ocurrir con la cola de una pera, de una manzana. Si os digo, haréis el mismo error que hicieron en la cercanía de Áitos. Me preguntan por carta acerca de un enfermo lo que deben hacer. Digo que le pongan una compresa de leche en el sitio enfermo. Después de unos 10 días de nuevo escriben, dicen: “Hemos puesto la compresa, no ayuda”. Pregunto: “¿Pues cómo la hicisteis, así como os dije?”. “Hervimos la leche, exprimimos dentro el limón, comimos lo denso y de lo aguado hicimos una compresa”. Digo: “Lo aguado bébanlo, mas de lo denso pongan al sitio enfermo”.

            Así que digo, en nada debemos ofendernos. Que te ofendas cuando un hombre te miente; que te ofendas cuando un hombre actúa mal. Pero cuando un hombre te muestra tus errores ¿por qué vas a ofenderte? Me gustan los ingleses que cuando les dices un error dicen: “All right”. A los americanos les he hecho notar, digo: “Vosotros, un pueblo tan cultural, no sabéis cómo comer. En tiempo nocturno os reuniréis, beberéis 250 gramos de café caliente, después de éstos, 250 gramos de café helado”. Digo: “¿Pues de tal cambio los dientes cómo estarán sanos?” “-All right”. Donde quiera que vayáis en América veréis dos tipos de helado, de manzana, de cereza, de naranja, de limón. No hay americano al que no le duela la garganta. Dice que ha cogido frío. Digo: “No has cogido frío, sino que el frío te ha cogido a ti”. Digo: La gente espiritual es aquella, que cuando le dices al hombre un error y él comprende. En alguna parte, tan solo con mirarlo, no le vas a decir nada, él comprende.

            Yo frecuentemente he observado lo siguiente, esto ha ocurrido conmigo: voy a alguna parte, algún grillo canta bellamente. No presto atención, no me paro para escucharle, cuando doy 10-20 pasos, viene un torbellino pequeño, levanta mi gorro y empieza a rodarlo por la tierra. Regreso entonces para escuchar a aquel cantante. Canta él, dice: “¿A dónde vas tan de prisa?” En alguna parte canta este grillo. Escucho, canta el grillo una canción: “La vida sin amor no vale nada”. El grillo así canta: “La vida sin amor no vale nada, y por un camino, el que sin amor va, una desdicha adquiere”. Por eso mi gorro sufrió. Y gracias a que el gorro sufrió, mira cuán bellamente canta este grillo. Ahora tengo una regla: cuando oigo a un grillo, bajo mi gorro y escucho. Digo, presten oído a los grillos que cantan en vosotros – a aquella intuición interna. Decís: “El Espíritu”. El Espíritu de Dios aparece a través de los trabajos pequeños. Por muy pequeña que sea la luz Divina, prestad atención. A todas las cosas, grandes y pequeñas, que prestemos atención. Lo Divino un mismo precio tiene: la luz grande te iluminará, la pequeña te causará una agradabilidad.

            “Por eso Jesús crecía en sabiduría, y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Evangelio de Lucas 2:52 – n.d.t.). Os digo, ahora os deseo que crezcáis en sabiduría y en amor. Que crezca esto, lo que crece en gracia delante de Dios y delante de los hombres. Que todos agradezcáis a Dios por todas las bondades que os ha dado hasta ahora. Ninguna otra cosa quiero de vosotros, salvo que cada día agradezcáis. Cuando os levantéis, que agradezcáis.

            “ESTA ES LA VIDA ETERNA, QUE TE CONOZCA A TI EL ÚNICO DIOS VERDADERO, Y A CRISTO, A QUIEN HAS ENVIADO”.

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