"HÁBITOS BUENOS" - Lección del Maestro Beinsá Dunó

HÁBITOS BUENOS

 

Lección Nª16, dada por el Maestro Beinsá Dunó a la Clase Oculta Juvenil, segundo año,

7 de Febrero de 1923, Miércoles, Sofía.

 

“Fir-für-fen Tau-bi-aumen” (fórmula).

 

                Se leyeron resúmenes de los temas “Origen del puño”, “Diferencia entre orgullo y soberbia”, “Regulación de las fuerzas en el hombre”.

 

                Ahora haréis el siguiente ejercicio: cada uno de vosotros mentalmente imaginará un área montañosa conocida y se va a detener sobre su parte sur, en algún lugar bien escondido del viento, en un clarito bello. Cuando lleguéis a este sitio, haréis en algún lugar un pequeño hoyito, en el cual sembraréis alguna semilla. Enterraréis bien la semilla y mentalmente os imaginaréis que ella brota, crece y su tronco alcanza dos metros de altura. Puesto que el ejercicio se va a realizar mentalmente, debe ocuparles 5 minutos en total: 2 minutos para subir al área montañosa y elegir el clarito, 1 minuto para sembrar la semilla y 2 para su crecimiento. Cuando hagáis el ejercicio poned sus manos sobre la mesa con las palmas hacia abajo y con pulgares tocándose. Cierren sus ojos y por 5 minutos pensad sobre el ejercicio. Si durante este tiempo va a crecer la semilla sembrada por vosotros o no va a crecer, que esto no os perturbe. Haced el ejercicio tranquilamente, silenciosamente, con disposición.

                Ahora hablaré sobre el hábito. El hábito en el hombre se crea en la aplicación o el trabajo con dos medidas: una positiva, que se expresa con la partícula si y una negativa – con la partícula no. Entonces, vosotros prometéis a alguien que le haréis algún favor; el favor consiste en esto, que os levantéis a las 4 de la madrugada y que vayáis al pueblo Dragalévci para cumplir algún trabajo. Vosotros habéis dado vuestra promesa durante el día, cuando afuera había luz. El Sol brillaba; en esta posición no pensabais que en la madrugada sería obscuro y que tendríais miedo. Sin embargo, os levantáis en la madrugada a las 4 horas, veis que afuera todavía está obscuro; vosotros inmediatamente vaciláis y os negáis a cumplir vuestra promesa. Decís: “No, no puedo ir a Dragalévci, tengo miedo”. Entonces vosotros no sois amos del miedo dentro de vosotros mismos, no podéis superarlo. En el caso dado, vosotros estáis obsesionados por el miedo y no podéis liberarse de él. Cuando caéis unas cuantas veces bajo la influencia del miedo y no cumplís la promesa que habéis dado a alguien, vosotros os volvéis cobardes, perdéis fe en sí mismos y de esta manera os creáis un hábito malo. Así que, mediante un sucumbir continuo a alguna fuerza negativa dentro de sí mismo, el hombre adquiere un hábito malo – de prometer y de no cumplir.

 

                La misma ley se refiere y a las ideas: hoy os inspiráis por alguna idea, estáis listos de hacer todo por ella, sin embargo, mañana aparece alguna dificultad en vuestro camino y vosotros inmediatamente demoráis el cumplimiento de vuestra promesa – decís que la promesa que habéis dado para la realización de vuestra idea difícilmente se puede cumplir, que no era su tiempo ahora, etc. Hoy demoráis, mañana demoráis, hasta que os volvéis un inválido moral. El carácter de la gente contemporánea está lleno con rasgos negativos, creados exactamente por la simple y pequeña partícula no. Mediante una manera matemática, a través de ciertas fórmulas, pueden calcularse cuántos hábitos malos, cuántos rasgos negativos tiene cada uno en su carácter. ¿Cómo? Es suficiente que cada uno de vosotros diga un número y que lo escriba. Por la manera de la pronunciación y de escribir este número se soluciona el deber. Alguien pronuncia el número 10 lentamente, alargadamente; otros lo pronuncian rápido. Todo esto son datos, condiciones para solucionar el deber. Un tercero pues toma el número 10 en segunda potencia o al cuadrado; esto muestra que en alguna parte ha ocurrido un cierto choque. Donde ocurren choques ahí hay narices rotas.

                ¿Qué tenéis que hacer para no crear en vosotros hábitos malos? Para que no os creéis hábitos malos, pensad más y no tengáis prisa en hacer promesas. Cuando alguien quiera que le prometáis algo, pensad una, dos, tres veces, si podéis cumplir vuestra promesa y entonces responded. La cuestión no es que prometáis y que no cumpláis. Una vez que prometáis, y aunque encontréis 100 osos por vuestro camino, debéis cumplir vuestra promesa. Rodearéis por aquí y por allá para evitar los osos, pero la promesa dada la cumpliréis – nada más. La palabra oso la tomo como un símbolo de dificultades. Por lo tanto, si queréis influenciar psíquicamente sobre vosotros mismos, para que no os creéis hábitos malos, nunca utilicéis la partícula no para cosas que puedan elevaros. No es fácil que el hombre supere las influencias negativas en sí mismo. Una vez haberlas vencido, vendrán influencias negativas por fuera para contra-actuarle. Apenas piensas hacer algo, realizar un trabajo bueno, además después de una cierta vacilación en ti, inmediatamente los que te rodean vendrán a ti y empezarán a disuadirte para que no lo hagas, o bien porque todavía eres débil, o bien porque este trabajo no es para ti, etc. Una vez has vencido las contra-actuaciones internas, tú tienes que vencer y las externas. Dirás que puedes cumplir este trabajo. En ti mismo dirás: “Sí, puedo hacer esto que he pensado; tengo fe en mí mismo y cumpliré el trabajo pensado”.

                Imagínense que alguien os considera como un hombre burdo. Si sucumbís a su sugestión, mal os influenciaréis. Para esta meta, vosotros inmediatamente tenéis que contraponérsele mentalmente con alguna otra cualidad vuestra, que anule la tosquedad. Digan en sí mismos: “Yo puedo ser piadoso y seré piadoso”. Cuando trabajáis conscientemente en esta dirección, vosotros transformaréis la tosquedad en piedad, en misericordia. La causa de la tosquedad del hombre se debe a esto, que el centro de la destructividad que se encuentra detrás de las orejas, está fuertemente desarrollado. Tal hombre tiene que enviar la energía de este centro hacia el centro de la misericordia (el centro de la misericordia en el cerebro humano se encuentra por encima de la frente, a 2 centímetros por arriba del nacimiento del pelo – n.d.t.). Él tiene que decirse: “Yo soy amo de las fuerzas en mí mismo. Así como puedo ser burdo, así puedo ser y misericordioso – de mí depende poner en movimiento en mí mismo unas u otras fuerzas”. El discípulo debe hacer muchas pruebas, que transforme constantemente las fuerzas negativas en positivas, que actúe sobre la materia inerte dentro de sí mismo, que la despierte e impulse a trabajar.

                 Haced la siguiente prueba: acostaos a las 10 hrs. de la noche y decidse que os levantaréis a las 12 hrs. en media noche para cumplir algún trabajo. Al poner este pensamiento en vuestra subconsciencia veréis que os despertaréis exactamente a las 12 hrs. Cuando os despertéis durante este tiempo, os diréis: “Que duerma por lo menos unos 5 minutos más, ¿qué voy a hacer tan temprano?” No, cuando os despertéis a las 12 hrs. levantaréis vuestra cabeza, bajaréis sus pies hacia abajo, os pondréis rectos hacia el Este y os diréis: “Yo soy amo de mi tiempo y lo voy a utilizar como encuentro por bien”. Cuando digáis así, recibiréis un pensamiento bello, luminoso, del mundo Invisible. Después de esto os acostaréis con el pensamiento de levantarse a las 2 hrs. Cuando os despertéis a las 2 hrs., levantaos de nuevo de la misma manera y poneos de pie hacia el Este – recibiréis un pensamiento luminoso más. Y esta vez vendrán tentaciones, pero miraréis que las superéis y a ellas. Cuando recibáis el pensamiento bello, escribidlo y acostaos con el deseo de levantarse a las 4 hrs. A las 4 hrs. os despertaréis y de nuevo vendrán tentaciones, pero miraréis a superarlas. Os levantaréis de la misma manera, como la primera vez, y os pondréis de pie hacia el Este, hasta que recibáis un tercer pensamiento luminoso.

                Esta prueba la haréis durante toda una semana. Ella no se os da para toda la vida. Lo importante es que hagáis una serie de esfuerzos, hasta que adquiráis hábitos buenos en sí mismos. El desarrollo de hábitos buenos en el hombre es la primera condición para el fortalecimiento de la voluntad. No se pide mucho de vosotros, sin embargo, conscientemente tenéis que trabajar. En esta prueba os levantaréis tres veces por la noche durante 1 semana. Algunos se asustarán porque a lo mejor puedan agotarse al levantarse e interrumpir el sueño tan frecuentemente. Ellos piensan así porque no saben que la fuerza del sueño no depende de la continuidad del tiempo. Hay otro elemento que influencia sobre el hombre de manera que en poco tiempo se repone bien. Los científicos contemporáneos dicen que para reponerse bien el hombre necesita 7 hrs. de sueño. El que comprende la ley del sueño, para 5 minutos puede cumplir tanto trabajo como para 7 hrs. Cuando se dormita por 5 minutos, él se renovará tan bien como si hubiera dormido 7 hrs. enteras. Como no comprende la ley del sueño, el hombre utiliza 7 hrs. para el sueño, hasta que las células cerebrales cumplan su trabajo. Si conoce esta ley, las células cerebrales cumplirían este trabajo en solo 5 minutos. Para que descanse, el hombre tiene que parar conscientemente la actividad de sus células cerebrales – 5 minutos son suficientes para esto. En este tiempo el hombre sale de su cuerpo y deja que la energía física consciente renueve su organismo.

                Así que 7 hrs. de sueño son necesarias para aquel hombre que no ha disciplinado sus células cerebrales, en consecuencia de lo cual ellas largo tiempo debaten entre sí: que empiecen su trabajo, cómo y por dónde empezarlo.  Hasta que empiecen su trabajo, el tiempo ha pasado. Por eso exactamente, el hombre se voltea bien a uno, bien a otro lado, y por fin se duerme. Él duerme 7 hrs. y cuando se levanta de nuevo no se siente repuesto. En la noche, cuando os acostéis, os volveréis primero hacia las células de vuestro cerebro, luego – hacia las células de vuestros pulmones, después de esto – hacia las células de vuestro estómago, y por fin – hacia las células de los demás órganos, de los músculos, de los huesos y les diréis: “Escuchad, yo voy a la escuela. Durante este tiempo vosotras cumpliréis el trabajo que os es puesto, así que cuando regrese, que encuentre las habitaciones limpias, ventiladas y todo el organismo – renovado”. Las células reciben la orden de su amo y empiezan a trabajar febrilmente, sistemáticamente, para que en el tiempo más breve cumplan el trabajo que les es puesto. Cuando hayan cumplido el trabajo, el amo regresa a su cuerpo. Entonces vosotros os despertáis alegres y gozosos, renovados del sueño. Así tenéis que hablar a sus células, si queréis tener un sueño bueno, tranquilo. Cada célula es una alma viva, razonable, que comprende lo que se le habla, lo que se requiere de ella. Háblenles razonablemente, sin asustarlas. Cada célula está puesta exactamente a su sitio. Las células no son voluntariosas, ellas siempre están listas de cumplir la voluntad de su amo, pero deben comprender lo que se pide de ellas. Una vez que comprenden qué tienen que hacer, ellas inmediatamente están a los favores de su amo. Cuando conversáis razonablemente con vuestras células, vosotros os creáis hábitos buenos.

                Y así, para cada obra buena que debéis de hacer, decid: “Yo puedo hacer esta obra buena”. Poned esta regla como un deber en su vida y haced pruebas. Imaginaos que alguno de vosotros es tacaño; que haga la siguiente prueba: que tome 30 levas en billetes de 5, que los ponga en su monedero y que vaya caminando por la ciudad. Cuando encuentre algún mendigo o a un hombre pobre, que inmediatamente saque de su monedero lo que le caiga en su mano y que los dé al hombre pobre, manteniendo en su mente el pensamiento: “Yo puedo ser generoso”. Tantos pobres que encontréis, a todos daréis algo. Al otro día que haga la misma prueba con más dinero. Que siga dando así, sin que le pase el pensamiento de que ha dado mucho – dará y olvidará que ha dado. Estas acciones producen resultados correspondientes y en la Naturaleza. Las acciones del hombre no deben ser egoístas. Das – se te dará. Esta ley es absolutamente justa. Ella es llamada Ley de la abundancia universal. Opulens.

 

                Cada pensamiento noble en el cual ponéis vuestra voluntad, infaliblemente se va a realizar. La Naturaleza misma está interesada en esto. De vosotros se requiere paciencia – que esperéis el tiempo de su realización. Para la realización de cada idea hay un tiempo exactamente determinado. Esto ocurre igual como en el reino vegetal. Por ejemplo: Para el crecimiento de una manzana se requiere un cierto tiempo; la semilla de la manzana no puede crecer de repente. Los pensamientos luminosos y los deseos nobles son como las semillas – cuando las sembráis en la tierra, esperaréis un cierto tiempo para que broten, que crezcan, que florezcan, que aten fruto y que maduren. Si su terreno era bueno, la idea sembrada puede desarrollarse para un mes, para uno o para más años – depende de las condiciones. A veces para el desarrollo de un don en el hombre se necesitan 10 años enteros de trabajo fuerte. Así ha trabajado y trabaja toda la gente grande – ellos tienen el hábito de perseverar. Les veréis con qué constancia ellos hacen pruebas una tras otra, hasta que llegan a algún resultado. Es fácil decir que tal o cual científico ha hecho un invento; cómo ha llegado a este invento, él sabe. Si tiene solo un pensamiento negativo en su mente, ningún invento puede hacer. Una vez que supere y este último pensamiento y comience a creer que no hay dificultad que pueda contraponérsele, él se encuentra delante del umbral de su descubrimiento y en su mente destella una luz nueva. El hombre debe sostener en su consciencia el pensamiento positivo de que todo es alcanzable cuando trabaja en acuerdo con las grandes leyes del mundo. Entonces todo es posible para el hombre, cuando trabaja en acuerdo con las grandes leyes, con las Leyes Divinas en la Vida y en la Naturaleza.

                Muchos no comprenden estas leyes y a pesar de sus deseos buenos dicen: “Si quiere Dios, si ha dicho Dios lograré el éxito”. Estas son comprensiones humanas. Cuando tenéis un deseo bueno en vosotros mismos, Dios infaliblemente quiere su realización. Con sus comprensiones incorrectas el hombre solo estropea el Plan Divino de las cosas. Por ejemplo, Dios dice que a una cierta idea vuestra le son dadas todas las condiciones para que crezca y se desarrolle, pero para eso se requieren 10 años de trabajo. – “¿No se puede hacer más pronto, por lo menos en un año?” – No se puede. Sin embargo, vosotros tenéis prisa y con esto mutiláis vuestra idea. Un médico americano se fue para trabajar en Asia Oriental. El fue llamado al hogar de un turco para curarle – el turco estaba enfermo de fiebre. El médico le auscultó cuidadosamente y le recomendó algún medicamento para utilizarlo durante una semana, tres veces al día, por tres gotas en una cuchara de té. El turco miró el medicamento y se dijo a sí mismo: “¿Quién va a esperar toda una semana? Voy a coger la botellita, que lo beba de una vez, para que sane más pronto”. Levantó la botellita hacia su boca, bebió el medicamento de una vez, pero en vez de sanar, él murió. No, con prisa el trabajo no se hace.

                Cualquier médico que encontréis, de cualquier manera que curen, ellos tendrán algo común en sus métodos. Un médico es tanto más capaz cuanto más se acerca en sus métodos y medicamentos a los de la Naturaleza – el gran médico en la Vida. Los médicos contemporáneos se sirven, como y la Naturaleza, con medicamentos venenosos. Ellos aplican como métodos para curación la homeopatía y la alopatía, con los cuales y la Naturaleza se sirve. Ellos se basan en ciertos principios para utilizar uno u otro método, uno u otro medicamento. Los médicos saben que en el organismo humano siempre hay reserva de fuerza vital que a veces es inerte y no puede utilizarse. Para esta meta ellos dan al enfermo una cierta dosis de veneno como medicamento. Puesto que el organismo no aguanta substancias ajenas dentro de sí mismo, él empieza a luchar para echar el veneno fuera. En esta lucha, exactamente, en el organismo se despierta la energía escondida y el empieza forzadamente a funcionar. Así el organismo humano supera las diferentes enfermedades. A veces, el veneno es tan fuerte, que en vez de una reacción produce una detención de la actividad del organismo. Los alópatas sostienen que la causa impulsora externa debe de ser muy fuerte y dan dosis fuertes de medicamentos. Los homeópatas sostienen que la causa externa debe ser muy débil y dan como medicamentos, líquidos fuertemente diluidos. Cualquiera que sea la causa externa, todos concientizan que el hombre puede curarse, cuando se despierte en él la energía vital en reserva y se impulse a la actividad. El mismo método se aplica y en la curación con agua fría.

                Esta ley se refiere no solo a la vida física, sino y a la vida psíquica del hombre. Para que hagáis trabajar al hombre, cread en él dos pensamientos contradictorios. La gente trabaja, se mueve, manifiesta actividad gracias a esta ley. ¿Cómo sería el mundo si toda la gente estuviera con un carácter igual – siempre suaves, con comprensiones y deseos iguales? (Responden:Un Paraíso sería el mundo). – No, os engañáis, el Paraíso no está compuesto solo de gente con un carácter suave. Las criaturas que viven en el Paraíso son altamente inteligentes, nobles, razonables, con una gran experiencia vital, a consecuencia de lo cual cumplen las Leyes Divinas sin error.

                Ahora os voy a dar una prueba más, de nuevo por una semana. Esta prueba la haréis después de terminar la primera. La prueba es la siguiente: cada noche antes de acostarse os sentaréis en una silla cerca de la mesa, vuestras manos las pondréis sobre la mesa. Permaneceréis silenciosa y tranquilamente, y con ojos abiertos por 10 minutos vais a concentrar vuestro pensamiento. Durante este tiempo no moveréis ni vuestros ojos, ni vuestras manos, ni vuestros pies – estaréis perfectamente inmóviles. Mientras dura el ejercicio vosotros estaréis puestos a pruebas grandes: por aquí y por allá por el cuerpo, por la cara, por las manos, por los pies, por la nariz sentiréis como que algo os muerde, pica, pero vais a dominarse, no vais a rascarse. El movimiento más pequeño muestra que no tenéis voluntad. Permaneceréis silenciosa y tranquilamente como que si nada os preocupa. Estas picaduras representan los así llamados pensamientos que pican, pero vosotros no les vais a prestar atención. Estaréis tranquilos, aguantaréis hasta el final. El que os vea en esta posición, pensará que alguna idea magnífica os ocupa. Miraréis el reloj, que el ejercicio dure solo 10 minutos. De esta manera fortaleceréis vuestra voluntad. ¿Si no podéis por 10 minutos concentrar vuestro pensamiento, cómo aguantaréis las contra-acciones más grandes en la vida? Las picaduras por el cuerpo se deben a la detención temporal de la energía nerviosa. Estas representan pequeñas explosiones eléctricas que ocurren en el sistema nervioso. A veces estas punzadas son muy fuertes, os provocarán que saltéis, pero y en esta situación debéis contenerse. Cualquier cosa que ocurre con vosotros durante el ejercicio, vosotros estaréis silenciosos y tranquilos, sabréis que todo se va a ordenar como tiene que ser.

                Cuando terminéis el ejercicio desearía que algunos de vosotros cuenten que experiencias han adquirido durante este tiempo. No solo picaduras tendréis, sino que os vendrán pensamientos y deseos muy diferentes. Vendrá a vuestra mente el pensamiento de cuán bueno sería si tuvierais una empanadilla bella delante de vosotros, o algo dulce, o que de repente os venga de alguna parte dinero, que os enriquezcáis. Luego, pues, os vais a imaginar que podéis escribir alguna obra con la cual asombraréis al mundo. Qué clase de pensamientos no pasarán por vuestra mente en estos 10 minutos. Estos pensamientos tocarán a vuestra puerta, pero vosotros no les vais a prestar atención, sabréis que estáis designados a un servicio grande, no podéis abandonar vuestro trabajo ni por un segundo. Ellos os harán una y otra pregunta, pero vosotros no vais a responderles. Os dirán: “¿No tenéis humanismo hacia nosotros? ¿Qué es este trabajo tonto con el cual os ocupáis? ¿Pensáis que el mundo se va a arreglar de esta manera?” Cualquier cosa que os hablen, permaneceréis callados. Es interesante que veáis si podéis concentrar vuestro pensamiento por lo menos por 10 minutos. Para que no entre alguien en vuestra habitación durante este tiempo e inquietaros, os encerraréis con llave. Anteriormente diréis a los de la casa que tenéis un trabajo muy importante y estáis pidiendo que nadie os preocupe. Vosotros mismos sabréis que verdaderamente este trabajo es importante y que de él depende vuestro futuro. Que alguien tocaba a su puerta – nada de esto. Temporalmente no mantendréis la decencia. Permaneceréis tranquilos, no os moveréis. Ved a los turcos cómo oran – ellos se arrodillan y no quieren saber si alguien les está mirando. Este ejercicio debéis hacerlo todos, sin excepción. El que no lo haga, él llevará las consecuencias de su desobediencia.

                Ahora que regresemos a la cuestión del hábito. Cada hábito tiene tres lados – forma, contenido y sentido. El hábito está a su sitio cuando se vuelva una segunda naturaleza del hombre. Solo en esta posición el hombre es libre. El hábito bueno es un ayudante de la voluntad. El alumno debe trabajar sobre sí mismo para crearse hábitos buenos, que aguante todas las pruebas y dificultades. Hace tiempo los alumnos de la escuela Pitagórica pasaban una serie de pruebas para forjarse, para llegar a la posición de transformar fácilmente sus estados. Un discípulo está sentado y reflexiona sobre alguna cuestión; durante este tiempo otro de los discípulos se acerca a él, le pega una paliza y se va. El primer discípulo se estremece, se irrita, quiere vengarse. Cuanto más despierta está su consciencia, tanto más pronto él tomará dominio sobre sí. No solo sus sentimientos se ponen a prueba, sino que y sus pensamientos, sus ideas. Por ejemplo, cuando algún hombre percibe una gran idea, los que le rodean empiezan a mofarse de él, le injurian, le bautizan con diferentes epítetos. Sin embargo, este hombre camina silenciosa y tranquilamente, de nada se inquieta. ¿Por qué? Porque él vive en otro mundo, lejos del suyo. Este hombre tiene convicción, él ha desarrollado su pensamiento, puede concentrarse, fácilmente puede solucionar sus dificultades. Cualquier cosa que le hablen, de cualquier manera que se porten con él, él regresa a su hogar gozoso, dispuesto. Así fue y con los Apóstoles – ellos han sido torturados, pegados por causa de Cristo, por causa del Verbo Divino, pero siempre regresaban a su hogar alegres y gozosos, glorificando a Dios. El que no se ha fortalecido en este aspecto, aún con el primer golpe dirá: “¡Cómo se atreven a pegarme por mi convicción, cómo se atreven a socavar mi dignidad!” Alégrense cuando sufrís por causa de vuestras convicciones. El que no se alegra cuando sufre por causa de sus ideas, esto muestra que éstas todavía no se han asentado profundamente en su conciencia.

                Ahora yo hablo solo para los discípulos, para aquellos que han entrado en la Escuela y desean estudiar las manifestaciones de la Naturaleza Razonable. Para esto se requiere una escuela especial. No es fácil que el hombre aguante, que lleve los sufrimientos razonablemente. El que tiene hábitos buenos, solo él puede aguantar. Muchos mezclan la paciencia con el aguante involuntario. Puede aguantar solo aquel, en el cual están desarrolladas las capacidades mentales superiores. Mientras puedes alcanzar a tu adversario, no deseas vengarte de él. El hombre paciente siempre es más fuerte que su adversario – y por pensamiento y físicamente.

                En alguna parte en América había un profesor destacado de boxeo. Un día él encontró en la calle a un estudiante joven, pero tan delgado y flaco que solo con un golpe a la nariz le derrumbó en la tierra. El estudiante se levantó, sacudió sus ropas del polvo y pensó cómo vengarse de este hombre fuerte. Que luche con él – no puede, entonces él decidió en sí mismo comenzar a ejercitarse en el boxeo. 10 años enteros él trabajaba fuertemente en esta dirección, hasta que desarrolló en sí tanta fuerza que con un brazo podría levantar un gran caballo y un caballito pequeño. Un día él apareció delante del profesor-boxeador, se inclinó delante de él y le levantó con una de sus manos en el aire. – “¿Conoce usted quién soy?” – “Le conozco, discúlpeme”. – “Yo soy aquél estudiante delgado y flaco, que hace 10 años usted derrumbó en la tierra con un solo golpe”. Si, esto es resultado de ejercicios.

                Por lo tanto, cuando el discapacitado en un aspecto dado, sea físico, cordial o mental, trabaje fuertemente sobre sí, después de un tiempo él superará su defecto y llegará a ser un gigante. Hoy día usted puede ser un estudiante delgado, flaco, diciendo que vuestro destino es pesado, que habéis sido creados débiles, pero después de ejercitarse conscientemente durante 10 años usted puede llegar a ser fuerte como el profesor de boxeo. Y entonces no va a vengarse cruelmente, sino que irá al profesor y lo levantará hacia arriba en el aire. Él inmediatamente reconocerá su fuerza y dirá: “¡Le reconozco como más fuerte que yo, discúlpeme!”

                Mi deseo es que todos trabajéis, que os ejercitéis para que no lleguéis a ser inválidos. Muchos de vosotros al familiarizarse con la enseñanza oculta empiezan a temer, y se vuelven negativos. Ellos dicen que esto no deben hacerlo, aquello no deben hacerlo, y no saben qué deben hacer. Que sepáis lo que debéis hacer, esto está en conexión con las cualidades distintivas del hombre. Si os preguntan cuáles son las cualidades distintivas del hombre, diréis que las cualidades del hombre son su pensamiento, sentimiento y acciones. ¿Acaso solo el hombre piensa, siente y actúa? Que se nombren las cualidades distintivas de algo, esto sobreentiende que se encuentren tales cualidades o rasgos que ningún otro ser posee. Por ejemplo, hombre prudente es este que ve los más pequeños errores en sí mismo, que ningún otro ve. Él utiliza su energía mental no para algunas obras grandes, sino para el logro de las cosas más pequeñas que ningún otro emprende. Hombre noble es este que ve y los defectos más pequeños de su corazón y utiliza su energía para lograr sus deseos más pequeños. Cuando el hombre prudente ve que dos personas se pelean en la calle, él no se va a detener para reconciliarles, sino que seguirá su camino. Él sabe que para este trabajo se encontrará mucha gente. Sin embargo, si ve que algún niño pequeño, sin ayuda ha caído en la calle y nadie le presta atención, él inmediatamente se desviará de su camino, le levantará de la tierra, le sacudirá del polvo, le consolará y le dirá: "Venga, ve a tu madre”. Externamente él no es un hombre generoso, su monedero no es desordenadamente abierto para cada uno que pide dinero, él distingue al verdadero pobre del mendigo-comerciante.

                Muchos de los mendigos son comerciantes; a quien quiera que encuentren, ellos dicen: “¡Por favor, por el Señor, dad algo!” Si algún mendigo recibe de 100 personas por 1 lev, para un día él sacará 100 levas, para un mes – 3000 levas. Hay mendigos que para un mes sacan más de 3000 levas. Cuando el hombre prudente encuentre tal mendigo, él pasa a su lado sin darle nada, y el lev que podría darle lo retiene para otro mendigo que muchos no ven. Él dice en sí mismo: “A ti te son suficientes los 99 levas que la gente te da”. El número 99 representa un proceso terminado. El hombre prudente hace favores a los débiles y no a la gente fuerte. Ordinariamente la gente es generosa ahí donde no debe: cuando ven que a alguno se le da mucho, y ellos dan; cuando ven que a alguien se le presta una gran atención, y ellos dan su atención. En este aspecto el alumno debe crearse hábitos buenos, pero en la manifestación de estos hábitos él debe ser específico. Él no debe pensar en sus virtudes, ni en sus defectos. ¿Qué representan las virtudes? Las virtudes son los 10 levas que el hombre tiene en su monedero. Abre su monedero, mira dentro, ve que hay 10 levas, sonríe y de nuevo cierra el monedero; se va a algún restaurante, come algo, saca los 10 levas y paga. ¿Qué queda en su monedero? No queda nada. El nada, o sea, el cero, esos son sus defectos. ¿Entonces qué sentido hay en que el hombre hable de sus virtudes que en una hora puede disipar? ¿O qué sentido hay que hable de sus defectos de los cuales en una hora puede liberarse? Le pondrá alguien 10 levas en su monedero y él de nuevo se vuelve un hombre virtuoso.

                Para desarrollar en sí mismo hábitos buenos, el alumno tiene que utilizar todas las condiciones para el desarrollo de estos hábitos. Por ejemplo, en alguna sociedad se organiza una comuna, todos se alimentan juntos, en base a principios fraternales. ¿Qué se observa en tales comunas? Unos trabajan y otros se aprovechan sin esfuerzo de su trabajo. Ellos se justifican con esto de que han pagado. ¡No, pagan o no, todos por igual tienen que trabajar! Muchachas y muchachos – todos trabajarán: pondrán la mesa, la levantarán, pondrán la comida, servirán, lavarán cubiertos, ollas – todo ocurrirá por turnos. Cada uno sabrá cuando es su turno y cumplirá sus deberes como debe de ser. Entre los comuneros, deben existir comportamientos buenos: que no se ofendan, que no se susceptibilicen – que todos se comprendan entre sí como hermanos y hermanas. ¿Qué ocurre ahora en las comunas fraternales? Unos trabajan, otros esperan al listo. En consecuencia de esto aparecen incomprensiones, descontentos y veis que después de un año, como mucho, la comuna se ha deteriorado. ¿Por qué? Todos quieren organizar algo nuevo, pero sobre una base vieja. Así los trabajos no andan. ¿Qué debe hacerse en tales casos? Cada uno debe trabajar conscientemente en la comuna, que desarrolle hábitos buenos dentro de sí.

                El discípulo oculto nunca debe poner la mano para mendigar. Si tiene necesidad de algo, él irá a algún cercano o conocido suyo y le dirá: “¿Tienes algún trabajo para mí?” – “¿Qué puedes trabajar?” – “¿Puedo cavar, limpiar – con una palabra todo lo puedo hacer?” – “Bien, te agradezco porque me vas a hacer favor”. Que el hombre saque su comida con afán, esto es nobleza. El afán robustece, fortalece el organismo humano. Todos los demás sistemas, que la gente hasta ahora ha utilizado, le han hecho débiles, flacos. Hoy en día en todas partes se aplica la ley: favor por favor, bien por bien. En este aspecto la Naturaleza es extremadamente exigente – ella castiga a cada uno que no quiere trabajar. ¿De qué manera? Atrofiando poco a poco su organismo y llevándole a la posición de un parásito. Si proseguís la historia de alguno de los parásitos presentes, aún desde el pasado lejano, veréis que ellos han sido magnitudes grandes. Sin embargo, por desobediencia, por no cumplir las leyes de la Naturaleza, ellos fueron degradados y llegaron a la posición de parásitos. Cada criatura viviente, desde la más pequeña hasta la más grande, que no trabaja en el espíritu de las leyes grandes, la Naturaleza le ha condenado severa pero justamente a degradación. Como sabéis esto, cada uno tiene que procurar a guardar las leyes de la Naturaleza Razonable, no mecánicamente, sino voluntariamente, porque cada resultado adquirido por una aplicación mecánica de las cosas, fácilmente se pierde.

                Y así, trabajad todos para crear hábitos buenos en sí mismos. Este trabajo no es fácil, pero es agradable. ¿Qué trabajo más agradable que este, que a través de hábitos buenos en sí mismo, el hombre enderece su carácter? La Naturaleza apremia a cada uno que se empeña y trabaja. A tal hombre y hasta la Vida se apresura en ayudarle. El discípulo debe trabajar conscientemente, que se enderece solo. Y el maestro puede sacar sus cualidades negativas, pero este no es el camino recto. Lo correcto es que el discípulo se enderece solo. El Maestro da Luz y el alumno arregla su camino. El maestro de matemáticas conoce a sus alumnos, él sabe quien con qué elementos dispone en sí mismo. Él no va a decir a sus alumnos que este o aquél es incapaz, que este o aquél es perezoso, sino que les llamará uno por uno delante de la pizarra negra y los pondrá a examen – les dará por un deber difícil. El que puede solucionar el deber él es un alumno capaz; el que no puede solucionarlo, él no es capaz. El incapaz solo verá sus fuerzas y llorará un poco. Entonces el maestro le dirá que y para él hay posibilidades a través de las cuales superar sus dificultades. ¿Cómo? A través de empeño y constancia. Si es de amor propio, el alumno se avergonzará frente a sus amigos y empezará a estudiar. Hay casos cuando el maestro encuentra por bien a decir al alumno directamente que no es capaz, que es perezoso, que de él un hombre no llegará a ser. Si el maestro dice así, el alumno tiene que pensar dentro de sí: “Sí, de mí no saldrá un hombre criminal o mentiroso, pero saldrá un hombre noble que puede reflexionar correctamente, que ama la Verdad”. El maestro examina a sus alumnos pero nunca les ofende. El maestro tiene que aprender a transformar las magnitudes negativas en positivas. Él debe tener una mente flexible con la cual luchar contra las fuerzas opuestas en la Naturaleza que actúan en contra de su desarrollo. Por qué y para qué actúan estas fuerzas así, esto no es importante para vosotros. Lo importante es que sepáis que hay fuerzas, corrientes en la Naturaleza, que contra-actúan a todo buen inicio. Sabiendo esto vosotros debéis estar alertas, que les superéis. Si no tenéis una consciencia despierta, éstas os van a causar grandes dificultades y sufrimientos. Si tenéis una consciencia despierta, si tenéis hábitos buenos, vosotros fácilmente superaréis vuestras dificultades.

                Ahora son las 9 menos 10 minutos. En estos 10 minutos podemos hacer el ejercicio: todos permaneceréis en vuestros sitios silenciosos y tranquilos, concentraréis vuestra mente y pensaréis solo en sí mismos. Veréis si tendréis picaduras. Tanto más fuertes son las picaduras, más fuerte es la reacción. El ejercicio que haréis a las 12 h, a las 2 h, a las 4 h, tiene como meta desarrollar en vosotros el hábito de levantarse exactamente a la hora que deseáis. A veces perderéis la hora en la cual habéis determinado levantarse, pero repetiréis la prueba. En la segunda prueba, como reflexionáis solo en sí mismos, pensaréis para los ojos, para las orejas, para la boca, para el cerebro, para los pulmones, para vuestro estómago y miraréis que los mantengáis bajo el control de vuestra mente. Si no lográis esto, el ejercicio no es utilizado como debe de ser. Cuando aprendáis a controlar vuestras partes, como también a vuestros músculos, podréis permanecer sobre una pierna, con la otra acuclillarse hasta la tierra y de nuevo levantarse, etc. Haced una prueba para que veáis si podéis acercar el índice al dedo pequeño, hacia arriba. Los movimientos de los músculos tienen que ser naturales, que produzcan en el hombre sentimientos agradables.

                Cuando queráis que alguna de vuestras partes descanse, retirad la energía de ésta, que llegue a ser como muerta. Por ejemplo, queréis que vuestro brazo descanse; retiren la energía de este temporalmente y él estará en plena quietud. Sin embargo para esto se requiere conocimiento por parte del hombre – que comprenda las leyes, que domine y que controle el movimiento de sus músculos. El hombre debe saber distribuir igualmente su energía por todas las partes del cuerpo. Por ejemplo, ocurre así que en el cerebro se ha acumulado más energía de la que debería; en esto, esta energía no está distribuida igualmente en las diferentes partes del cerebro, en consecuencia de lo cual el hombre siente estados onerosos. Cuando en la parte posterior del cerebro hay más energía, el hombre siente un estado; cuando la energía se reúne más en las sienes, el hombre siente otro estado; cuando la energía se reúne más detrás de las orejas, el hombre siente un tercer estado. El discípulo debe estudiar largo tiempo para que pueda distribuir correctamente la energía por todo su cuerpo. En este aspecto el debe ser un jardinero – que cada día observe sus flores, que las limpie, riegue y cave alrededor. Diréis que cuando leéis libros sobre este tema, aprenderéis. No es este un trabajo fácil. ¿Pensáis que si leéis algún libro sobre la respiración podréis respirar correctamente? No, para adquirir un cierto conocimiento se requiere trabajo, ejercicios – el conocimiento no se logra fácilmente.

                En todos sus movimientos, el hombre tiene que ser natural, qué sepa qué posición tomar para cada caso dado. Imaginad que os estáis encontrando en alguna parte y esperáis a algún conocido vuestro; esperáis una hora, dos, tres, pero él no viene. Vosotros ponéis la mano detrás de vuestra oreja ¿Qué significa esta posición de la mano? Que os ponéis atentos para oír sus pasos. Luego os levantáis, os paseáis – él todavía no está. Estas son una serie de posiciones, posturas que tenéis que estudiar. Cuando el maestro se pone delante de sus alumnos, él toma una postura, el sacerdote delante de sus feligreses – otra postura, el oficial delante de sus soldados – una tercera postura, el comerciante delante de sus clientes – una cuarta postura. Para que estudiéis las diferentes posturas, las distintas posiciones que la gente toma, vosotros tenéis que entrar en su psique. Encontráis a un hombre que mantiene su cabeza inclinada un poco a la izquierda. ¿Por qué? Porque en el hemisferio izquierdo del cerebro afluye más sangre, en consecuencia de lo cual esta parte es más desarrollada. El hombre no debe mantener su cabeza ni a la derecha ni a la izquierda, sino recta, o sea, perpendicularmente a la tierra. Esta es la posición natural de la cabeza. Los hombros deben estar en una línea, y no uno hacia arriba y el otro hacia abajo. La torsión del cuerpo se debe a algún defecto. Cada uno tiene que trabajar sobre sí mismo, controlar sus movimientos, restaurar las líneas rectas naturales de su cuerpo que la Naturaleza primordialmente le ha dado. Mucho sufrirá el hombre hasta que restaure sus movimientos y líneas primarias de su cuerpo.

                Cuando habléis con alguien, no tenéis que mirar hacia la tierra, pero miraréis directamente a los ojos de vuestro interlocutor. Vuestra mirada debe ser silenciosa y tranquila; que de vuestros ojos salga una luz agradable, suave, como la luz que sale de una vela, que ilumina los rostros y los objetos alrededor sin tener en cuenta a alguien en especial. Cada movimiento del hombre se condiciona por un pensamiento consciente o inconsciente, interno. Como sabéis esto, vosotros debéis mirar que haya armonía entre vuestros movimientos y en vosotros mismos. Cuando camináis por las calles, caminaréis rectamente y que vuestras piernas estén paralelas una a otra. Si hay lodo pisaréis cuidadosamente – que no haya una gota de lodo sobre vuestra espalda. Algunos pisan así que dispersan lodo hasta sobre su espalda. Tal gente es honesta, buena, pero no tiene que enlodarse. Es bueno que estén limpios, por mucho que sea el lodo. Para no enlodarse, el hombre debe concentrar su pensamiento; cuando se distrae, inmediatamente se enlodará. Haced una prueba y os convenceréis de esto. Cuanto más concentrada esté vuestra mente hacia las piernas, tanto menos os vais a enlodar. Como veis, muchas cosas tenéis que enderezar. Diréis que estas son cosas pequeñas, de poca importancia. Sí, de poca importancia son, pero ellas producen grandes consecuencias. Cada movimiento inarmónico en el mundo físico produce desarmonía en el Astral; cada desarmonía en el mundo Astral se refleja y en el Mental.

                Ahora, como sabéis todo esto, no debéis auto-condenarse, sino alegraos de que tenéis defectos. Si enderezáis vuestros defectos entonces vosotros trabajáis. Enderezaréis vuestros hombros, la cabeza, los ojos, las orejas, la nariz, la boca, la cara, las líneas de vuestro cuerpo – muchas cosas tenéis por enderezar. Trabajaréis, como han trabajado los Santos, por diez, veinte, treinta y más años, hasta que enderecéis vuestros defectos. Simultáneamente con esto, enderezaréis vuestros pensamientos, sentimientos y actos. Cuando enderecéis estos, entonces llegaréis a ser amos de vuestras partes. Cuando el mundo interno se equilibre, se restablecerá armonía y en los movimientos de las partes externas. El mundo externo es un reflejo del interno. Si la vida interna del mundo está arreglada, como consecuencia de esto será arreglada y la externa.

               

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