"¡NO SE TURBE VUESTRO CORAZÓN!" - Conferencia del Maestro Beinsá Dunó

¡NO SE TURBE VUESTRO CORAZÓN!

                       

Conferencia dominical dada por el Maestro Beinsá Dunó, el 22 de marzo del año 1925, en Sofía – Izgrev.

 

“¡No se turbe vuestro corazón!” (Juan 14:1 – n.d.t.).

 

            En el mundo hay tres tipos de turbaciones: unas de las turbaciones son de un carácter puramente material, afectan al cuerpo; las otras turbaciones son de un carácter sentimental, afectan al corazón; y el tercer tipo de turbaciones son de un carácter mental, afectan nuestra mente. “No se turbe vuestro corazón”, todo esto es fácil. Y entonces, para esta turbación Cristo prescribe curas. ¿Cuáles son las curas? – ¡Para que no se turbe vuestro corazón, creed en Dios! ¿Y luego? – ¡Creed en Mí! La turbación, en general, paraliza el organismo, paraliza los sentimientos, paraliza y la mente. Y muchas de las enfermedades orgánicas se deben a una turbación orgánica interna. Muchas de las enfermedades se deben a turbaciones de los sentimientos; muchas de las enfermedades se deben a turbaciones de la mente, entonces éstas son turbaciones mentales. Cuando las enfermedades se deben a turbaciones mentales, éstas afectan al sistema muscular, afectan y a los pulmones. Cuando las turbaciones son más de un carácter sentimental, éstas afectan nuestro corazón, el hígado, el sistema respiratorio y los vasos sanguíneos. Este torpor de los vasos sanguíneos, de la cual la gente frecuentemente se muere antes de tiempo, se debe a estas turbaciones internas, que dañan nuestro sistema nervioso. He aquí por qué Cristo tiene el derecho de decir: “no se turben”, o sea, evitad todo tipo de turbaciones. Alguien dice: “No se pueden evitar estas turbaciones”. Pregunto: ¿Tu madre te parió con la palabra “no se puede”? ¡Cuánto tiempo pasó, hasta que te sugestionaron esta palabra “no se puede”! Tú primero naciste con el llanto. Lloraste delante de tu madre y le dijiste: “Dame de comer, porque yo tengo que vivir. Tú tienes que trabajar por mí”. Esta fue tu primera orden. Se puede reproducir una conversación entre la madre y el niño. El niño dice: “Puesto que tú prometiste que me ibas a querer, que me ibas a amar, tienes que trabajar por mí. Tú eres el amor, yo soy la vida que ha provenido de ti. “¡Trabaja, porque yo quiero vivir!” Estos son argumentos muy en su sitio. ¿Si la madre se turba, podrá ella criar a su niño?, ella exactamente le enviará a aquel mundo. Frecuentemente las turbaciones se vuelven causa para que se formen ciertas obstrucciones de energías, que fluyen en el cuerpo humano, en su corazón, en su mente – en general, en todo el sistema nervioso. El hombre es un acumulador, o una encrucijada de caminos, donde se entretejen millones de corrientes cósmicas. El hombre representa un tal nudo. En aspecto matemático yo me imagino al hombre de la Tierra como una de las fórmulas más complicadas. Y cada uno que puede descifrar las correlaciones de esta fórmula, cada uno que puede traducirla en una expresión geométrica, él tendrá una imagen acerca del hombre.

            Dice Cristo: “¡No se turbe vuestro corazón!” Frecuentemente, las turbaciones introducen en nosotros un tipo de ácidos y nosotros perdemos nuestros sentimientos más bonitos por cosas muy insignificantes. Cuando venimos al mundo físico, nosotros nos trazamos un plan que no somos capaces de realizar, ni tampoco es una tarea en nuestra vida. Por ejemplo, en alguien puede aparecer la idea de llegar a ser el hombre más fuerte en el mundo, por eso debe trabajar para el desarrollo de músculos sanos, fuertes. ¿Eh, hasta qué punto un hombre puede ser fuerte? ¿Hasta cuántas pesas puede levantar? Yo sé que el hombre más fuerte era un americano, y él podía levantar dos caballos y un caballito. Si ha habido un hombre más fuerte que él, no lo sé. Dicen: “¡Hombre fuerte es él!” Pues, ¿qué tan fuerte es? Un hombre puede levantar dos caballos y un caballito, ¿es fuerza esto? No, hoy en día hay máquinas que pueden levantar cargas cien veces más grandes que estas que puede levantar un hombre. Entonces, nosotros tenemos una escala por la cual podemos medir las fuerzas. El hombre, en aspecto físico, no puede elogiarse con su fuerza. Él es débil. Esto con lo que el hombre puede elogiarse, esto es su fuerza espiritual. Ahí él debe insistir, ahí debe desarrollarse. Si el hombre está fuerte en aspecto espiritual, él será fuerte y en cualquier otro aspecto, y esto es lo importante. Pero, vienen las turbaciones. ¿De qué provienen las turbaciones? – De la incredulidad.

            Ahora, os voy a transmitir una narración oculta para explicar mi pensamiento. Que no penséis que esta narración es inventada. No, ésta es verdadera, se supone que ocurrió unos cuantos miles de años antes de Cristo, en la novena dinastía de Egipto. Entonces vivió un tal adepto famoso, llamado Musá-Bentam. Algunos piensan que este nombre es inventado. No, este es un nombre que ha existido. Debéis saber que nada es inventado. Todo en el mundo existe y no se puede inventar. Si alguien se encarga de inventar algo que no ha existido y que no ha sido dicho por nadie, yo, aun ahora le doy 1000 levas. En el mundo no hay nada nuevo. Todas las cosas existen.

            Y así, todos los grandes adeptos pasan un curso de iniciación, así que y este Musá-Bentam debería pasar un examen para su tercera iniciación. Cada iniciación está relacionada con un cierto tipo de fuerzas, en las cuales el hombre cuando entre, debe saber cómo manipular con éstas. He aquí por qué este era un examen difícil. Si él pasa la prueba, entrará en un mundo nuevo, se le abrirán caminos nuevos, se le descubrirán capacidades y sentimientos nuevos a través de los cuales podrá ver más, y no caminar a ciegas. Él va a ver realmente y será un hombre de lo real y de lo ideal – de lo real que está logrado y de lo ideal que no está logrado. Detrás de esto real hay otro real, etc.

            El maestro lleva a su discípulo Musá-Bentam a una de las regiones montañosas más peligrosas y le dice qué dificultades encontrará. “La primera dificultad será la siguiente: cuando caminas por este camino, encontrarás una serpiente grande. Si puedes vencerla, tú seguirás más adelante en tu camino, pero si no puedes vencerla, ella te va a tragar y contigo todo terminará. Pero cuando esta serpiente se acerque, tú verás girando alrededor de ella a una paloma. En este tiempo tú serás valiente, cogerás a la serpiente por el cuello y la ahogarás, ¡pero no temas!” Entonces él le da una botella con algún líquido que se llama el elemento “vuar”. “Tomarás este líquido y untarás los ojos de la serpiente hasta que se termine el líquido. Cuando termines el líquido, la fuerza de la serpiente pasará en ti, y la paloma se irá en pos de ti. Si se va la paloma contigo, tú has realizado tu victoria.

            Más adelante, a lo largo de tu camino encontrarás uno de los leones más grandes en el mundo y si no le vences él te va a devorar a trozos. Pero, cuando te acerques a este león, encontrarás a un cordero que rodea alrededor de este león. Tú te echarás sobre el león, le cogerás valientemente por las orejas. Después de esto, he aquí, toma esta botellita, en esta hay otro elemento en forma de líquido, llamado “erún”, y con este untarás los ojos del león. Cuando termines el líquido, el cordero se irá en pos de ti. Si se va el cordero en pos de ti, la victoria está hecha. Tú has aprobado el examen y podrás seguir tu camino.

            Más adelante, cuando sigas tu camino, tú encontrarás a un toro negro, el más fuerte en el mundo, con cuernos agudos, y si no puedes vencerlo, él te va a ensartar en sus cuernos. Alrededor de este toro verás moverse un bushel con trigo, y el toro mirándolo. Tú cogerás valientemente al toro por los cuernos, ungirás sus ojos con el líquido “raún” y cuando termines todo el líquido, verás que el bushel con el trigo se irá en pos de ti. Si se va contigo, entonces has vencido.

            Finalmente llegarás a los límites de tu iniciación, pero tendrás que entrar recto por la puerta Real. Delante de la puerta Real tú verás sentado a un guerrero temible, con una espada en su mano, y si puedes vencerlo, entrarás por la puerta Real; si no puedes vencerlo, tú cabeza saltará de tus hombros. Alrededor de este guerrero verás rodear una bella virgen. Entonces tú cogerás a este guerrero, y he aquí este líquido, llamado “amuit”, untarás los ojos de este guerrero con el líquido, y cuando se termine éste, verás que la virgen bella se irá en pos de ti. Esto muestra que la victoria es tuya, y la fuerza de este guerrero pasará en ti.

            Así hicieron los profetas antiguos, así hicieron los sabios antiguos, que querían describir los secretos que están escondidos dentro del hombre.

            Ahora os voy a dejar para que vosotros solos penséis sobre este cuento. Pero yo digo: todas las pasiones que se atormentan en el cuerpo humano, deben vencerse de una o de otra manera. ¿Cómo se vencerán? – Cuando toman participación todos los cuatro elementos. Estos son: vuar, erún, raún y amuit. Si tenéis estos cuatro elementos, venceréis vuestras pasiones. Todos estos cuatro elementos, en conjunto, representan la fe. Estos cuatro elementos, con los cuales se untan los ojos de la serpiente, del león, del toro y del guerrero, estos son la paloma, el cordero, el bushel con trigo y la virgen bella, que se van en pos de nosotros. Cuánto cuesta un bushel con trigo, vosotros sabéis. Qué vale el mundo sin una virgen bella, y esto lo sabéis. ¡Nada vale el mundo sin una virgen bella! Vosotros sabéis que cuando Dios puso el primer hombre en el paraíso, le rodearon con los árboles más bonitos, con las aves más jilgueras, pero al Adán se le hizo pesado en su corazón y largo tiempo lloró, y por fin expresó una gran sabiduría, que sin compañera no se puede. ¿Qué va a hacer solo en el paraíso, quién le va a consolar, con quién va a compartir? Dios, cuando oyó su tristeza, le hizo una compañera, creó a Eva. Así dice la leyenda. Que lloró Adán esto es cierto, puesto que y hoy llora. ¿Habéis visto vosotros a un hombre que llora? Dicen que la gente genial no lloraba. Que el hombre llore, esto no es una debilidad, esto es una expresión de humanitarismo. El llanto es un sentimiento noble. Que llores, ¡esto está a su sitio! Cristo, un hombre genial, un hombre magno, Hijo de Dios Le llaman, y Él lloró, y Él derramó lagrimas. ¿Por qué? ¿No pudo sin lágrimas? Solo una mente angelical puede valorar cuánto valen estas lágrimas Crísticas. Cuando Cristo lloró, estas lágrimas no cayeron en la tierra, los ángeles las recogieron en una botellita. Estas lágrimas representan una esencia valiosa, curativa. Cristo no lloró mucho, supongo que cayeron solo alrededor de 10 gotas de sus ojos, pero estas gotas son curativas. He aquí, ya 2,000 años que el mundo se cura con estas 10 gotas. Éstas sostienen la vida de toda la humanidad, curan heridas, lavan dolores.

            ¡Creed en Dios! En el sistema contemporáneo de educación hay un lado negativo y toda la gente se pregunta: “¿Pero por qué tenemos que creer? – Tienes que creer, porque eres débil. Diréis: “¿Cómo, que yo soy débil? – Pues, eres débil, por supuesto. Si alguno de vosotros piensa que es fuerte, que no coma. ¿Por qué tienes que comer? – Porque eres débil. Cuando no comes tres días, te debilitas. Cuando no bebes agua 5-6 días, te debilitas. Por lo tanto tienes que comer, puesto que eres débil; tienes que beber agua, puesto que eres débil; tienes que creer, puesto que eres débil.

            Y así, para que se evite esta debilidad, tienes que creer. Fe sin falta debes tener. La fe es una conexión por la cual fluyen aquellas fuerzas Divinas en nuestra alma. La fe es una disposición de los sentimientos. Cuando el hombre voltee su mirada hacia Dios, en él inmediatamente comienzan a fluir aquellas energías Divinas, aquel néctar Divino en la vida. La Naturaleza es muy generosa, muy noble. Ella da en abundancia. No se requiere una filosofía grande para que adquiráis esta gracia. La gente piensa que cuanto más científica se vuelve, tanto más adquieren estos dones. Ellos adquieren más de mente crítica y piensan que la fe se puede reemplazar con la razón. No, la fe no se puede reemplazar con la razón. La razón tiene su aplicación práctica en el mundo físico, ahí él puede jugar algún rol, mas la fe se ocupa con un mundo mucho más alto de que está el mundo de la razón. La fe es de otro carácter. No digo que la razón no es útil, no digo que tiene que entrar en contradicción con la fe, pero digo: si introducís la fe en vuestra razón, ésta (la razón – n.d.t.) se fortalecerá más todavía, o sea, la turbación se quitará y vosotros adquiriréis aquella fuerza potente que es necesaria para vuestro desarrollo. Vosotros habéis sufrido aquel estado álmico, cuando os sentáis y pensáis que nadie os quiere, que sois infelices, que vuestros hijos no aprenderán, que vuestro marido no anda en el camino recto, que vuestros ingresos os son pocos, etc. Pregunto: ¿Es en esto que consiste la esencia de la vida? ¡Yo no puedo explicarme cómo es posible, que nosotros la gente razonable, vivimos en un Ser tan noble, tan razonable y sublime, y en esto pensamos que Él nos ha olvidado y que Su intención es solo turbarnos y torturarnos! ¡Yo no sé de dónde ha sobresalido este pensamiento en vuestra mente! Miles de años pasaron hasta que la mente humana se tergiversó, y la encontramos en este tipo como hoy en día se nos presenta. Si nace en nosotros un entrelazo, este se debe completamente a otras causas. Si os ponéis la tarea de por qué tiene que agitarse el océano ¿qué responderéis? ¿Tiene que agitarse el océano? Que se agita 10-15-20-50-100 metros por encima, esto es necesario, pero que se agita desde el fondo, esto no debe ocurrir. Esta agitación es necesaria no solo para el agua, esto es necesario y para el aire. Así que no todo el océano tiene que turbarse, sino solo por encima, en la superficie. Por lo tanto, si por encima en vuestra vida llegan turbaciones, éstas no son peligrosas. Cristo, cuando dice que no se turbe vuestro corazón, Él comprende esta turbación la cual lava las bases de la vida. La gente dice: “No hay Señor, la vida no tiene sentido”. Si piensas así, tú lavas las bases de tu vida. Tú eres un tonto de primera calidad. Cuando dices que la vida no tiene sentido, pregunto: ¿En qué hechos te basas? – Que la casa de Ivan, de Pétko, de Dragán, de fulano, se ha quemado. – ¿Es por eso que la vida no tiene sentido? Pues si te pongo en alguna prisión moderna, o si te envío a vivir en el bosque ¿qué preferirías? Pues si te pongo en un subterráneo, muy bien adornado, sin que penetre, sin embargo, luz ¿te sentirás bien? Todo esto es resultado de la cultura contemporánea. Todas las telegrafías, trenes, barcos de vapor, fábricas, todas las invenciones humanas, todo esto son solo maneras para ejercitar la mente humana. En esto, sin embargo, no está el sentido de la vida. El hombre tiene que edificar casas, hacer fábricas, para que se agudice su mente. Todos los trabajos que el hombre hace, todos los dispositivos de agricultura o en cualquier dirección, todo sirve al hombre para el desarrollo de sus capacidades. ¿Pensáis que aquella pequeña chiquita vuestra, que ha tomado su muñeca y le hace un vestidito, la dirige con su varita, que esto es la última palabra de la ciencia? Esta chiquita dice: “¡Mama, mira mi muñequita!” ¿Esta chiquita piensa que va a solucionar la tarea de la vida? ¿Pensáis que aquella madre, cuando da a luz a un niño, solucionará todas las tareas de la vida? Yo miro, una madre, cuando toma su hijo en brazos, lo lleva y dice: “¡Mirad a mi hijito!” ¡Como si en el rostro de su hijito se expresase todo el mundo! Una oveja también puede tomar a su corderito y decir: “¡Mirad a mi hijito!” Y una vaca puede tomar a su becerrito y decir: “¡Mirad a mi hijito!” Y una avecita puede tomar a su pequeño nidito; y una mariposa puede tomar a su pequeña crisálida también, ¿pero todo esto soluciona las cuestiones? Estos son solo ejercicios en el mundo. Esto no es una burla en la vida. ¿Si nosotros entramos en una jerarquía de seres de cultura más alta que han terminado su vida terrenal, con qué se van a elogiar ellos? Pablo dice: “Yo me elogiaré con el Señor, no me glorificaré con mi hijo, ni con mi hija” (En muchos casos el Maestro parafrasea las Escrituras y nosotros las traducimos según sus palabras – n.d.t.). ¡Que me elogie con el Señor, esto es potente! Que me elogie con toda la gente buena de la Tierra y no con un hombre. Una madre, cuando vea a su niño, debe ver en él millones de niños, y que se alegre de todos. Si se alegra solo de su niño, ella no comprende el sentido de la vida, ella se turba. Mañana se muere este niño, ella dirá: “¿Señor, por qué heriste mi corazón de una manera tan cruel, por qué me quitaste el niño?” ¡No se turbe vuestro corazón! ¿Dónde estaba hasta ayer tu hija? ¿Dónde estabas tú antes de que tu madre te diera a luz? ¿Dónde estaba tu madre antes de que naciera su madre? ¿Pues dónde estaba la madre de tu madre? Los creyentes deben hacerse esta pregunta. Algunos de vosotros estáis en la dirección correcta, mas otros dicen: ¡Que nos salvemos solo nosotros – los creyentes!” No, no es así. En una reunión, como es ésta, nosotros debemos proyectar nuestra mente, nuestro corazón, hacia todos aquellos, cuyos corazones trepidan; que volquemos nuestras mentes hacia aquel magno Señor que ha dado a todos vida; que nos volquemos hacia todos aquellos Hermanos, quienes han terminado su desarrollo, quienes envían su Amor hacia nosotros y piensan en nosotros. De manera que con estos Seres debemos conectarnos. Con Ellos nos elogiaremos, con la multitud, y no con la individualidad. Y aquí en la Tierra, y allí arriba en el Cielo, en todos los Sistemas Solares, como también y en nuestro Sistema Solar, en todas partes piensan en nosotros. Diréis: “¿Cómo, y en los demás Sistemas Solares piensan en nosotros? Ahora tenemos que comprobar a la gente científica que el único lugar más feliz no es nuestra Tierra. La gente científica dice que la Tierra era un jardín, de la cual el Señor iba a plantar todo el Universo. ¡Muy grande privilegio os dais! Pues puede ser que haya algún otro planeta, que servirá como semillero de todo el Universo. No, nuestra Tierra es un semillero modesto de la vida Divina, y ésta se desarrolla según las condiciones, según el nivel de su estado. Yo observo a la Tierra como una universidad grande, con numerosas habitaciones y con pequeños y grandes laboratorios. En estas habitaciones estudian jóvenes de I, II, III, IV cursos.

            Cristo volviéndose a sus discípulos, les dice: “¡No se turben vuestros corazones!” Entre la gente presente, jóvenes y viejos, heroísmo no hay. Vosotros queréis, dondequiera que vais en el mundo, que os adornen con coronas de flores, con moños, como algunas novias de boda, que os reciban con aplausos, con comida y bebida, y que no haya trabajo ninguno. No, no es así. La comida y la bebida vendrán en otro lugar. El mundo no fue creado solo para comer y beber. ¿Venga, decidme quién de vosotros hasta ahora ha comido dulce? Por lo tanto, nosotros hemos descendido en un mundo, del cual la materia misma, las fuerzas mismas, entran en la construcción de nuestra mente y de nuestro corazón, y sufren un cambio. Todas estas fuerzas nosotros debemos observarlas cuidadosamente y para nosotros que apartemos solo estas de ellas que nos son necesarias. Lo que gana cada uno de vosotros, lo gana primeramente para sí, y luego, de lo ganado, puede dar y a los demás cercanos suyos.

            Dice Cristo: “¡No se turbe vuestro corazón!” El rol más importante en la turbación lo juega la sugestión. Alguien os dice, por ejemplo: “Ah, vosotros no comprendéis nada de esta cuestión”. Otro os dice: “Vosotros no comprendéis nada de esta cuestión”. Pasan 10 personas una tras otra para decirles lo mismo: que no comprendéis nada de esta cuestión. ¿De qué cuestión? – De Dios. Y comienza entonces: “Espera, que yo te diga mi propia opinión acerca de Dios”. Eh, ¿cuál es tu opinión? – Desde hace 2,000 años el pueblo cristiano siempre discute la cuestión de Dios y además esto lo que no es importante. Lo importante es que Dios es Amor, y el Amor da a luz a la vida. Cristo llevaba en el mundo esta vida razonable, la cual dio un empuje a una cultura nueva. Esta nueva cultura trae una consolidación entre la gente, ella introduce fe al hombre en sí mismo, en lo Divino, como y fe a los demás. Cuando encuentro a alguien, a mi me alegra lo bueno que veo en él, y no pienso en cómo engañarle, cómo jugarle. Que me alegre de lo noble en el hombre, a esto le llamo cultura. Hay un rasgo noble en el hombre según el cual él siempre puede obrar justamente.

            Cristo, volviéndose hacia sus discípulos, dice: “No se turben y no turben a los demás con vuestras predicaciones”. ¡No habléis tonterías, porque con esto perturbáis a los demás! Antes que nada hablad a la gente razonable y claramente. Dios es amor y este Amor es razonable. En el Amor de Dios no hay absolutamente ninguna crueldad. Si existe crueldad, esta se debe a causas completamente diferentes. Llegará un día cuando nosotros nos someteremos a la ley del Amor. Que os explique figurativamente cómo está esta cuestión. ¿Si una hoja se corte del árbol y caiga en la tierra, tendrá ésta las mismas correlaciones como tienen las demás hojas del árbol? Esta hoja es la hoja que ha perdido la fe. Cuando pierdes tu fe, tú eres una hoja caída del árbol. Te encontrarás abajo, a la raíz del árbol, y allí pasarás una última metamorfosis. Pasarás por el proceso de la descomposición, de la putrefacción, te absorberás de nuevo en las raíces y luego saldrás a la superficie, como una ramita, como una hoja, o como una flor. Si y entonces no guardes tus correlaciones hacia el árbol, de nuevo te cortarás de él y te encontrarás abajo donde las raíces. Dicen: “Si pierdes la fe, caerás del árbol”. Pregunto: ¿Qué filosofía tiene esta hoja que se ha cortado del árbol? Toda la humanidad representa un árbol, y cada uno de vosotros es una hoja de este árbol. Y notad que cada hombre puede cortarse a sí mismo de este organismo. Ningún viento, ningunas tormentas, nadie puede cortarlo, él mismo puede cortar los hilos de su vida. ¿Qué filosofía hay en esta vida? Cuando lleguen los vientos, vas a rodarte a la izquierda, a la derecha, cuando te pregunten ¿por qué te ruedas? dirás: “Porque soy tonto”. No, tú te ruedas, porque no crees. “¿Por qué soy pobre?” Porque no crees, tú estás donde las raíces, abajo. Alguien dice: “Yo estoy caído. ¿Qué debo hacer?” Las personas caídas no pueden salvarse como ellas quieren. De otra manera pueden salvarse. Yo no puedo tomarte y pegarte arriba en el árbol, pero debes pasar por una disciplina severa. Como estáis arriba en el árbol, os digo: ¡Guardaos de no caer de las ramas! Yo no hablo de descorazonamiento, pero mucha gente piensa que cuando caigan del árbol, podrán tomarles como una hoja seca y pegarles en el árbol. No, las hojas secas no pueden resucitar. Esta hoja, una vez caída del árbol, tiene que descomponerse plenamente. Nosotros vemos la misma ley y en el hombre. Cuando el hombre muere, su cuerpo tiene que descomponerse perfectamente. Una segunda vez este hombre de nuevo puede renacer en alguna parte. Algunos no aceptan que el hombre puede renacer. No es la cuestión de si el hombre puede renacer o no. Las cosas, independientemente de todo esto, existen en la Naturaleza. Él no estará en la misma forma que ha tenido en primer tiempo, sino que aparecerá en una forma nueva. Él no tendrá la primera forma de la hoja. ¿Por qué? Porque en todas partes en la Naturaleza existe una variedad grande. Vosotros no podéis encontrar en un árbol a dos hojas que sean parecidas. Aquellos que son botánicos, que observen cuidadosamente las hojas de un mismo árbol, y verán que todos se distinguen en algo. Una variedad grande existe en toda la Naturaleza. Puede que alguna vez hayas sido una rama, volteada al Sur; una segunda vez puedes ser una rama, volteada al Norte. En general, tu posición puede ser siempre diferente. Por lo tanto, siempre habrá una pequeña diferencia en vuestra forma, en vuestros preceptos, en vuestras comprensiones. Con cada nueva aparición tú serás el mismo más algo nuevo. Así que en cada ida, en cada nueva venida, en el hombre se añade un plus pequeño, una cosa nueva. Él tendrá la misma conciencia más alguna pequeña adquisición hacia la primera conciencia. ¡Esto es lo bello!

            Ahora la cuestión principal es: ¿Por qué no debemos tener turbaciones? Puesto que la Escritura dice que la turbación es un camino hacia el miedo, entonces si el hombre comienza a turbarse, el miedo llegará, y cuando llegue el miedo, las piernas del hombre se alargan y él se vuelve un andarín. Si pones a prueba a un hombre por sus ideas, verás que él es incapaz de aprobar. Por lo tanto, la turbación, el miedo, crea una perturbación en la mente. El miedo produce una perturbación y en el corazón. Cuando se turba la mente, viene una turbación y en el corazón, y por fin la voluntad – el timón de la vida – pierde su dirección y el hombre comienza a huir. El huir es muy ridículo. El hombre entonces cae en una situación cómica. Contaban un caso, ocurrió en Stara Zagora, aún en la época turca. Se rumorea que en Stara Zagora viene una caballería turca. La población, fuertemente asustada, se echa a correr. Se fueron hacia Kazanlak, hacia arriba, hacia Stara Planina – huyen, la caballería turca les persigue. Se alargaron sus pies, huyen. Regresan luego ¿y qué ven? – Ninguna caballería ha pasado por su ciudad. Lo mismo y en la vida espiritual, y allí las piernas de la gente se alargan.

            Cristo dice: “¡No se turbe vuestro corazón! ¡Tened fe!” Esto significa: ¡Tened estabilidad! Creeréis en Dios, creeréis que en Él no hay mutación ni cambio. Creeréis y en la singularidad y en la pluralidad de Dios. Creeréis que todos los que han creído en Dios, han terminado su desarrollo. Creerás que de esta manera y tú terminarás tu desarrollo y entrarás en esta hermandad común. Esto es lo bello en el mundo: que veas a la gente buena, prudente, y que ellos te hablen. Yo me he encontrado con músicos, late su corazón para oír, para encontrarse con un músico parecido a ellos; pintores, cuyos corazones también laten para encontrarse con un pintor parecido a ellos; me he encontrado y con tales poetas. Cada uno quiere encontrar uno equiparable a sí mismo, y cuando se encuentran ellos mutuamente, uno a otro, se dan impulso. Y cuando encontréis a un hombre con fe, que os deis impulso con la fe y no que empecéis a disputar en si hay Señor o no hay. Decís: “La ciencia, a través de sus argumentos, ha comprobado que existe el Señor”. ¡Vaya, mucha cosa ha comprobado la ciencia! Ésta ha llegado a comprobar que hay Señor, pero no puede hacer al hombre inmortal. Si la ciencia ha comprobado que hay Señor, y si nosotros verdaderamente creemos en esto, el Amor debe llegar en nosotros. Cuando viene el Amor habrá vida eterna, y la vida eterna estará al alcance de cada uno. Como no podemos solucionar la cuestión, nosotros dejamos estas cosas para el otro mundo y decimos: “Eh, cuando vayamos al otro mundo, entonces las solucionaremos”. ¿Cuál es aquel mundo? – Aquel mundo es el mundo en el cual Dios vive. ¿Cuál es aquel mundo? – Aquel mundo es este mundo. Este mundo es una pequeña proyección, un pequeño sector de este magno mundo, de esta magna vida. ¡Pues, que y nosotros a lo mejor somos una pequeña proyección de Dios! Y dice la gente científica, los ocultistas, que cuando el Señor hizo al mundo, dejo un pequeño lugar vacío y se preguntaba con qué llenarlo. Por fin hace a la gente y los deja vivir en la Tierra. Así que el Señor hizo a la gente y para Su diversión, y para diversión de los espíritus científicos. Cuando algunos ángeles, algunos arcángeles, no tienen con qué ocuparse, ellos acariciarán a la gente, se divertirán con ellos. Decís: “¿Cómo, somos nosotros para diversión?” – ¡Sí, para diversión! Nosotros somos juguetes y para los gusanos, y para las moscas, y para los mosquitos, y para las pulgas, para todos. Pues ¿quién de vosotros es libre? ¿Quién de vosotros no ha servido por juguete a los demás? Los hebreos hace tiempo decían: “Nosotros somos súbditos libres, de nadie llegaremos a ser juguetes”. Ellos estuvieron 400 años enteros bajo yugo egipcio, recibieron tantos azotes, como esclavos fueron condicionados para hacer ladrillos a sus amos, y luego dicen: “¡Nosotros somos libres!” Les dice Cristo: “El que hace pecado, el diablo es su padre” (Juan 8:34,44 – n.d.t.). Si pensáis así, así es. Nosotros debemos concientizar la Verdad y determinar nuestros comportamientos hacia Dios. Este odio, esta incredulidad que se ha creado, todas estas cualidades negativas que se han formado en vosotros, pueden quitarse. Entonces vendrá lo noble en vosotros, podréis todos juntos trabajar para Dios y no hay qué mentirse. Yo vendré a vuestro campo para trabajar, de allí puedo venir a vuestro hogar para ayudaros en algo y nada os voy a pedir, gratis trabajaré. Esta comprensión vendrá, cuando nosotros llegaremos a ser gente de una naturaleza completamente distinta, y no tal como hoy en día tenemos. ¡En nuestra comprensión actual, en el almacén de pensamientos actual, esto no puede ocurrir! ¿Cuándo puede ocurrir? Después de que nacemos de nuevo. Pablo dice: “Nosotros no moriremos; pero seremos transformados” (1 de Corintios 15:51 – n.d.t.). Los búlgaros dicen: “Que cada uno empuja a su monedero”. Bien, y yo estoy de acuerdo con ellos, que cada uno empuje a su monedero. ¿Por qué no? Antes que nada, toda la gente no está igualmente educada, no han nacido igualmente.

            Cristo dice: “¡Creed en Dios; creed y en Mí!” (Juan 14:1 – n.d.t.). Bajo “Mi” Cristo sobreentiende a estos Hermanos razonables, quienes con su pensamiento viven en nosotros. Observad el siguiente hecho: cuando debes hacer algo muy magno en el mundo, siempre ocurrirá una lucha interna en ti, llegarán diferentes tipos de pensamientos. Alguien dentro de ti te aconsejará una cosa, otro te aconsejará otra, tercero te aconsejará una cosa completamente diferente. Uno tras otro pasarán para aconsejarte sobre cómo actuar. Esta lucha seguirá unos cuantos días, a veces y más, hasta que por fin te decides a actuar de una o de otra manera. Finalmente el Señor te dice: “¡Elije lo mejor de aquello que tus hermanos te aconsejaron!” Tú elijes lo mejor y así actúas. Ayer, un alumno que va en la escuela pedagógica, me contaba sobre una lección de los niños pequeños en las clases. La maestra dice a dos chiquitos de sus alumnos: “¡Bozhko, sal para escribir una bandera!” Sale Bozhko, escribe la bandera y se va a su lugar. Dice al segundo alumno: “¡Bogdancho, vamos, escribe y tú una bandera!” Sale y él, escribe la bandera, se va a su lugar. La maestra pregunta a los demás niños: “¿Son bonitas estas banderas?” Una de sus alumnas levanta la mano. “¿Qué dirás tú, Lálke? – Y las dos banderas no son bonitas. – ¡Sal entonces, para que escribas tú una bandera!” Sale Lálka, escribe y ella una bandera. Le pregunta su maestra: “Venga, mira ahora, ¿es bonita tu bandera?” Se aleja Lálka un poco de la pizarra, observa su banderita e inmediatamente, avergonzada, baja su mirada hacia el suelo. ¿Por qué? – Y su bandera no está bonita, incluso es peor que las de los dos amiguitos suyos. Así y nosotros, alguna vez observamos las ideas de la demás gente y decimos: “Estas ideas no valen nada”. Tenéis razón, pero cuando salimos a escribir, o expresar nuestras ideas, vemos que y éstas no son de las más bonitas. Nos miramos y decimos: “Y las nuestras no son bonitas”, o sea, no son tales como deben de ser. Y entonces viene la turbación en nuestra alma y decimos: ¿Por qué debo ser tan tonto? ¿Por qué debo ser tan ignorante? ¿Por qué yo no puedo expresarme, hablar? – Para que puedas hablar, tus ojos deben sobresaltar, como de una rana. Para eso tienes que orar al Señor. – ¿Por qué yo no puedo pensar? – Orarás al Señor para que desarrolle tu centro por delante, en la frente, más. – ¿Por qué no puedo imaginar? – Orarás al Señor para que te dé condiciones, para que se ensanche tu frente. – ¿Por qué mi Amor hacia Dios es pequeño? – Orarás al Señor para que te dé condiciones, para que se eleve tu cabeza por encima de las orejas más. El hombre tiene que crecer en cada dirección. Orarás a Dios para cada defecto que tienes y Él enviará aquellos hermanos más avanzados a ti para aconsejarte cómo corregirte.

            Dice la Escritura: “¡Seréis perfectos, aspiraréis a la perfección!” Todas las turbaciones provienen del hecho de que nosotros pensamos al respecto de nosotros que somos perfectos, y cuando entramos en la vida y vemos nuestras debilidades, inmediatamente nos inquietamos. Y esto no es cierto. Todos nosotros somos muy buena gente. Yo veo en todas partes muy buenas ordenanzas. Prudentes somos nosotros, ¿pero cómo? – En comparación con los demás seres más pequeños que nosotros. Una hormiga es prudente, pero donde las hormigas y no donde el hombre. Un buey es prudente, pero donde los bueyes y no donde el hombre. Y el hombre es prudente, pero donde los hombres, donde sus semejantes. Si llegamos a compararnos con los ángeles, nosotros no somos prudentes. Así que, donde nuestros semejantes todos somos prudentes. ¡Cómo no! Miles, millones, hasta generaciones enteras de hormigas estarían listas de sacrificar toda su riqueza y todo lo que tienen, para adquirir por lo menos un dedo humano. Si se hubieran reunido miles de hormigas, ellas no tendrían ni una 1/1000 parte del talento que un hombre tiene. Yo asemejo las hormigas a pequeños riachuelos y digo: Si hubierais reunido todos estos riachuelos y formarais un rio, este rio no podría voltear ni una vez la rueda humana. ¡Qué riqueza hay en el alma humana!, con esto nos sentamos, nos perturbamos, no queremos reconocer esta Verdad. Nosotros somos ricos y esperamos. ¿Qué esperamos? – Que nos muramos y cuando vayamos al otro mundo que el Señor nos dé dones. La hormiga, cuando se muere, de nuevo es hormiga. El hombre, cuando se muere, de nuevo es hombre, ángel no se vuelve. Él puede ir entre los ángeles, pero ángel no se vuelve. Y las hormigas viven entre nosotros aquí en la Tierra, entran en la casa, pero hombres no se vuelven. Yo miro, en casa me vienen hormigas, rodean alrededor del dulce, tocan el libro; luego rodean alrededor de los higos, los tocan, comparten junto conmigo, conmigo comen, pero ellas no son gente cultural, de todas maneras hormigas se quedan. Así y nosotros, podemos ir al Cielo, tocar el dulce, los potes de los ángeles, pero de nuevo hombres nos quedamos. ¡Nosotros hacemos tantos errores con nuestra ignorancia!

            Y así, ¡de todos vosotros se requiere fe!

            Ahora yo me vuelvo hacia vosotros y os saludo con el año 25. Hoy el Sol pasa en su hemisferio norte. El hemisferio norte representa un emblema de la Verdad. Éste es un emblema de otro Sol – el Sol cordial, que se encuentra en el hemisferio izquierdo.

            Así que en nosotros debe nacer aquel deseo invencible de libertad: libertad orgánica, libertad mental y libertad cordial. Con esta libertad nosotros debemos trabajar para todos. Cada noche, cuando nos acostamos, nosotros debemos proyectar nuestros pensamientos hacia todo el mundo; debemos proyectar nuestros pensamientos y hacia Dios, y cuando Él sienta que nosotros verdaderamente creemos en Él, Él actuará para el bien de toda la gente, y para el bien nuestro. Así trabaja la Ley Divina. Dios nunca violenta a la gente. Tened delante de vosotros la siguiente regla: si tú cierras las contraventanas de tu habitación, la luz Divina nunca entrará en tu habitación. Otra luz puede entrar, pero no y ésta. Tus ojos siempre quedarán cerrados para la luz Divina. Si abres las contraventanas, ella misma entrará. Por lo tanto, cuando se quite la turbación, la cual gestiona la sospecha, esta luz está en tus ojos. Tú te turbas en si este te ama, en si aquel te ama, en si tu hijo puede terminar la escuela, en si tu marido estará vivo, etc. Os perturbáis por nada. Yo os voy a transmitir un ejemplo sobre uno de los discípulos, su nombre no voy a decirlo, y vosotros no vais a atarme defecto de que hablo de alguien. No, yo diré algo muy bonito acerca de él. Hace años yo estaba en la cuidad B. Uno de los discípulos se enfermó, pero muy seriamente, le están llamando ya a aquel mundo. Yo me detuve en su hogar. Él es un hombre casado, tiene mujer e hijos. En un momento viene su compañera a mí asustada, preocupada, y me dice: “Mi compañero se va ya, se le va el alma. ¿Qué voy a hacer yo sola con estos hijos pequeños? ¡Ojalá el Señor se apiade de él, que viva por lo menos 2-3 años más, que crezcan un poco los niños!” Me voy yo a él, acerco mi oreja cerca de su corazón, escucho. Yo tengo un oído muy agudo. ¿Y qué oigo? Él ora a Dios, pero tan sinceramente, tan cordialmente. Me voy yo a su mujer y digo: “Tu compañero no se va al otro mundo. Este discípulo, exactamente ahora está en el camino recto. Mañana estará animoso y gozoso”. Al otro día ya la crisis le pasó, él cobra ánimo y me dice: “Nunca en mi vida he orado tan ansiosamente como ahora. Este hermano echó la turbación de su corazón. La hermana, pues, se perturbó. He aquí por qué Dios dice a este hombre: “Tú vivirás no solo 2-3 años más, sino más – mucho puedes vivir. Y verdaderamente, él y hasta ahora está vivo.

            “No se turbe vuestro corazón”. Oraréis, y muy ansiosamente oraréis. Y yo digo: nosotros, la gente contemporánea, debemos avergonzarnos de nuestras turbaciones. Dirás: “¿Por qué voy a orar?” Orarás, como los niños pequeños. Dirás: “¿Por qué así?” – Para que te eleves en tu alma, que olvides todo el pasado, que venga la gracia Divina en ti, que te purifique, que te dé aquella alegría, aquella paz, los cuales te darán una luz nueva, un impulso nuevo para trabajar, para cariño hacia la gente, para todo lo sublime y noble. Decís: “¡Pero yo no estoy dispuesto!” ¡Dejad este estado animal de disposición y de indisposición! Me pregunta uno: “¿Hacia dónde tengo que voltearme cuando oro: al Éste, al Oeste, al Norte o al Sur?” Le digo: “Imagínate que estás en una prisión y desde ahí te están sacando para ahorcarte, pero te van a ahorcar con las piernas hacia arriba. ¿Orarás? – Oraré. – ¿Cómo? – En cualquier posición que me encuentre. – Pues imagínate que te voltean con los ojos hacia abajo. ¿Cómo orarás? – Con los ojos hacia abajo. – Entonces, en cualquier posición que te pongan, orarás, y eso por todas las reglas. Orarás y con la cabeza hacia abajo, y con los ojos hacia abajo, como encuentres. En todas las situaciones difíciles en su vida el hombre debe orar, que no tenga vergüenza.

            Y así, ¡fe os hace falta! Yo no estoy por aquella credulidad que la gente considera como fe. Yo estoy por aquella sinceridad, por aquella sinceridad absoluta que debe vivir en las almas de todos. Alguien pregunta: “¿Me amas?” Yo sostengo la siguiente posición: cuando os digo que os amo, que en esta palabra haya contenido, plenitud, y no que os diga solo en palabras. Cuando te diga que te amo, tú inmediatamente dirás: “¡Si me amas, dame 1000 levas!” Diréis: “¡Ah, le cogimos!  ¡Dinos ahora si nos amas!” Sí, cuando te diga que te amo, entonces y yo te voy a preguntar: ¿Me amas?, y yo te diré que tengo necesidad de dinero. Diré a alguna hermana: ¿Me amas? – Te amo. – Dame entonces 1000 levas. Diré a otra hermana: ¡Si me amas, dame 1000 levas! De todos pido por 1000 levas. ¿Cuántas personas estáis aquí? – Alrededor de 400-500 personas.  Entonces, cuando tome de todos vosotros por 1000 levas, llegarán a ser 400-500, 000 levas. ¿Pensáis que si ahora dejo una hoja de firmas entre vosotros, para que cada uno me dé por 1000 levas, que no vais a decir: “eh, en tal predicación no creo”? ¡No se turbe vuestro corazón! En tal predicación no creéis, pero creéis en una predicación sin dinero. Así es, tenéis el derecho si os predico sin dinero, esto lo comprendéis, pero si os predico por 1000 levas, os encontraréis en milagro. No, yo no quiero turbaros, pero digo que en vosotros debe haber una presteza interna. Cuando llegamos a Dios, en nosotros debe haber una certeza interna, ¡que la palabra de Dios no la hagamos a dos! Aquel impulso Divino, aquellos sentimientos y deseos nobles, que nacen en nuestra alma, debemos cumplirlos. Cualesquiera sentimientos y deseos nobles que os vienen, cúmplanlos. Estos no os van a costar mucho. Alguna vez pueden costaros 1000 levas, alguna vez 500, alguna vez 100, y alguna vez puede y 5 levas, incluso 5 céntimos – ¡cúmplanlos! “¡No se turbe vuestro corazón!”

            Ahora, en primer lugar cogeréis la serpiente; luego cogeréis el león; luego el toro y finalmente cogeréis el guerrero. Si los cogéis, vendrá en pos de vosotros la paloma, luego el cordero, después de él el bushel con trigo y finalmente la virgen bella. En vuestro pensamiento inmediatamente vendrá aquella muchacha joven. No, bajo “la muchacha joven” yo comprendo la pureza absoluta en la cual no hay ninguna obscenidad. Pureza absoluta hay cuando el alma es virgen, limpia de cualesquiera vicios. ¿Habéis probado qué cosa es que seáis libres del pecado?

            Yo desearía por un día por lo menos, o por una hora, que sintierais qué cosa es la pureza, qué cosa es que se libere el alma de todos los vicios, y con un ademán amplio que expanda sus alas, que salga de la esfera de esta vida terrenal, que se libere de sus cadenas y que mire con los ojos de Aquel, cuya magna Sabiduría está en todas partes y con la cual Él soluciona todas las cuestiones. No penséis que Dios nos dejará esclavos. ¡No, Él ha decidido darnos la libertad! Él es quien guerrea por nosotros. Nosotros tenemos Uno que guerrea por nosotros. Hay muchos más que guerrean por nosotros. Estos son nuestros Hermanos Blancos los que han sacado sus cuchillos, y la Fuerza está con ellos. Desde hace mucho ellos han cogido la serpiente, y la paloma está con ellos; desde hace mucho ellos han cogido al león, han untado sus ojos, y el cordero está con ellos; desde hace mucho ellos han cogido al toro, han untado sus ojos, y el bushel con trigo está con ellos; desde hace mucho ellos han cogido el guerrero, han untado sus ojos, y la virgen bella, joven, está con ellos. ¡La pureza está con ellos! Ellos son aquellos hermanos de cuyos corazones fluye amor, alegría y vida. Y gracias a este impulso suyo vosotros vivís.

            Vosotros decís: “¿Qué cosa es Cristo?” – Cristo es una mente colectiva. Cristo existe como unidad, pero simultáneamente Cristo es una mente colectiva. No es solo esto que Cristo era Hijo de Dios. No solo en la unicidad Le buscaremos. No está solo en singular el nombre Crístico. Cristo representa todos los Hijos de Dios de cuyas almas y corazones fluye vida y amor. Todos los Hijos de Dios, de cuyas almas y corazones fluye vida y amor. Todos los Hijos de Dios como que si son una cohesión en la cual se manifiesta Dios. Un día y vosotros podréis ser Hijos de Dios. No solo un día, sino que en esta hora aún podéis ser Hijos de Dios. Decís: “Pues no somos como ellos”. ¡Extraños sois vosotros! Cada hoja del árbol tiene su importancia. ¿Comprendéis esto? Cada flor, cada hoja, cada ramita del árbol Divino son igualmente importantes; la cuestión no está en su tamaño. Estos son oficios que cada uno ocupa en el mundo. ¿Sabéis cuál es vuestro oficio? Yo, cuando miro a un hombre, veo qué magno oficio le ha determinado el Señor. Y este oficio nadie puede tomárselo. Este oficio en el cual Dios os ha puesto podéis realizarlo solo vosotros, ningún otro, y vosotros estáis obligados a realizarlo. He aquí por qué vosotros sois importantes. Si no fuerais importantes, os hubieran echado, pero este oficio es importante y debe cumplirse. Por esto en cada uno de vosotros debe haber un impulso de ser honesto, valiente, que no se turbe. Cogerás la serpiente por el cuello, de otra manera ella te va a tragar. Cogerás el león por las orejas, de otra manera te va a devorar. Cogerás el toro por los cuernos, de otra manera te va a ensartar. Cogerás finalmente y el guerrero, de otra manera te va a cortar la cabeza. Pues esto es heroísmo. ¡Serás valiente, no te vas a turbar! Cogerás la serpiente por el cuello, porque la paloma está allí. – La paloma es emblema del Espíritu Divino. Ella representa la inocencia. A donde la serpiente el hombre debe tener inocencia. Cogerás el león, porque allí está el cordero. – El cordero es emblema de la mansedumbre. A donde el león el hombre debe tener mansedumbre. Cogerás el toro por los cuernos, porque allí está el bushel con trigo. – El trigo es símbolo de paciencia. A donde el toro el hombre debe tener paciencia. Cada uno que quiera ser paciente, debe comer por 100 gramos de trigo crudo, no hervido, repartiéndolo tres veces al día, por 30 gramos. Vais a masticarlo largo tiempo en vuestra boca, debe masticarse bien. Dos horas después de comer el trigo beberéis agua caliente. Así se adquiere la paciencia. Finalmente cogeréis al guerrero, porque allí está la virgen bella, o sea, la pureza.

            Y así, tened inocencia, mansedumbre, paciencia y pureza. Estas son las cualidades de la fe, a través de las cuales venceréis los defectos de este mundo.

            Dice Cristo: “¡Creed en Dios! ¡No se turben vuestros corazones!” ¡Creed en Dios como un principio único! ¡Creed y en mi! ¡Creed y en todos vuestros Hermanos que trabajan para vosotros! Entonces el Amor de Dios se derramará sobre vosotros y la victoria estará de vuestro lado, puesto que ella está del lado de todos los Hijos de Dios. Ellos dominarán.

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